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martes, 22 de noviembre de 2011

¿Cómo manejas tus finanzas en pareja?

No es fácil hablar de dinero con la pareja o el esposo, pero hay que hacerlo.
A la mujer no se le debe esconder las finanzas del hogar, tiene derecho a conocerlo y tomar parte de las decisiones de ello. Es importante que los dos tengan las cuentas claras, conocer las finanzas del hogar, cuánto dinero entra y sale y las prioridades que ambos tendrán a la hora de disponer del dinero.

Hablar de dinero no es un tema fácil, es más bien un tema escabroso en el que muy fácilmente se pueden malinterpretar las opiniones. Hablar de la cómo llevar las finanzas económicas de una pareja es difícil, y más aun cuando todavía se está en planes de casarse. Pero es un tema muy importante y necesario de tratar, preferiblemente durante la etapa de noviazgo.

El matrimonio es una parte muy importante de nuestra vida y nos casamos con la idea de estar juntos “hasta que la muerte nos separe”. Nos hacemos a la idea de compartirlo todo en matrimonio, pero el hombre tradicionalmente ha sido la mayor fuente de ingresos para el hogar, y así es como aún se desea que sea aunque muchos matrimonios se ven obligados a tener que trabajar los dos para poder afrontar los gastos que tienen.

Pero hoy día ocurre algo socialmente diferente, los matrimonios actúan como individuos independientes, como si realmente no todo tuviese que ser cosa de dos en conjunto. Es común escuchar decir frases que distinguen “mi dinero” de “tu dinero”, “mis compromisos y tus compromisos”… y muy difícilmente se pone en práctica “lo tuyo es mío y lo mío es tuyo”.

Hoy en día es muy común aconsejarle a la mujer que sea independiente, que trabaje para tener su propio dinero para así no depender de lo que le da su pareja (o debería darle). Pero llevar cuantas por separado no es la respuesta adecuada a la independencia. En muchos hogares se llevan las cosas a extremos drásticos, en los que la mujer gana y gasta su dinero sin contar con su pareja, ni siquiera para pedirle su opinión para alguna inversión o algún gasto extra aduciendo  a que “es mi dinero, por algo trabajo”.

No debiéramos tener miedo a hablar de dinero con la pareja. Es bueno hablarlo abierta y sinceramente; no es malo intercambiar ideas y conocer hábitos de gastos así como lo hacemos para otros temas. Deberíamos hablar con sinceridad acerca de nuestra situación financiera, ingresos, salidas de dinero y gastos habitúales, para evitar sorpresas desagradables, como deudas, tarjetas de crédito, etc.

Es recomendable calcular un presupuesto familiar, ayudará a planificar los gastos de familia logrando con ello un mejor uso del dinero y por supuesto, un mejor control.

Como esposas, no se debiera invadir la privacidad de las finanzas del esposo, pero  por la misma, el esposo tampoco debe invadir la privacidad financiera de la esposa.

El problema es que aun así muchas veces uno de los dos no ahorra, no planifica y más aun, a pesar de tener ingresos aceptables, delega en la esposa muchos de los gastos que deberían ser compartidos, o la esposa le deja todo el cargo de la manutención del hogar al esposo. Y si bien es cierto que ninguno de los dos tiene voto en el manejo del dinero del otro, los dos tienen voz para planificar, tomando en consideración que nos guste o no, el uno depende del otro y el otro depende de uno, en otras palabras: el mal manejo del dinero afecta a los dos, así como también compromete el futuro de los hijos.

Aunque el dinero no lo es todo, sí es necesario para vivir. Como pareja, se debe tratar de coordinar ideas y velar para que estas se lleven a cabo, porque si uno de los dos piensa que hay que trabajar para ganar, tener y ahorrar antes de gastar sin echar mano a las tarjetas de crédito, mientras la otra parte sí ve con buenos ojos tomar prestado, disfrutar de lo que se tiene, o por el contrario simplemente invertirlo en negocios de futuro sin gastarlo ahora, entonces obviamente los dos piensan de forma diferente.

Cuando los dos quisieran disponer del dinero de forma diferente, se crea una división, y aunque aparentemente se lleven muy bien, se amen, disfruten y gasten juntos, la parte económica los agobiará.

Nunca olvidemos que como pareja, los dos tienen las mismas obligaciones y derechos. Los dos tienen la obligación de cuidar el patrimonio de la familia, los dos tienen el derecho de enterarse y de participar en los planes para el futuro, los dos necesitan sentirse seguros en lo económico, especialmente para las generaciones futuras, basándonos en la filosofía de padres, “para que ellos tengan, lo que yo no tuve”.

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viernes, 11 de noviembre de 2011

Los adolescentes usan como guía la conducta sexual sana de los padres

Probablemente esto te tome de sorpresa: según un estudio realizado en Canadá, no son ni los amigos, ni los famosos ni los medios de comunicación los que más influyen en los hijos adolescentes a la hora de adoptar patrones sanos de conducta sexual. Ellos tienden a buscar esas guías y modelos en sus propios padres. Los resultados de este estudio ponen en evidencia la importancia de los padres, el hogar y la familia en la educación de los valores de los hijos y les recuerda a los padres otra más de sus responsabilidades: el dar un  buen ejemplo.

Si piensas que tus hijos adolescentes no te toman en cuenta y sólo encuentras diferencias con ellos (la famosa “brecha generacional”), quizás sea el momento de que empieces a cambiar estas ideas y de que le prestes más atención, no sólo a tus hijos sino también a tus actos. ¿Por qué? Porque en esta etapa de su vida, los adolescentes de ambos sexos parecen tomar como referencia a sus padres, incluso hasta en las conductas sexuales.

Estos son los datos que se desprenden de un estudio reciente desarrollado en Canadá entre casi 1.200 adolescentes de 14 a 17 años de edad y más de 1.100 padres, y cuyos resultados se presentaron en la Conferencia Anual de la Sociedad Canadiense de Pediatría, en Quebec.

Según los resultados obtenidos por los investigadores, al ser consultados sobre su sexualidad, el 45 por ciento de los adolescentes consideraban a sus padres como modelo en comparación con el 32 por ciento que se guiaban por las conductas de sus amigos, y apenas un 15 por ciento dijo estar influenciado por celebridades.

Por otro lado, los padres subestimaron el impacto y la influencia que podían tener sobre sus hijos: el 78 por ciento de las madres respondió que pensaba que sus hijos se basaban en lo que hacían sus amigos a la hora de decidir qué comportamientos sexuales adoptar y muchas se quejaron de la falta de participación y compromiso de los padres en la educación sexual de los hijos.

Paralelamente, los investigadores también encontraron que los adolescentes que tomaban a sus padres como modelo a menudo provenían de familias en las cuales se hablaba de la sexualidad de una manera abierta y se les animaba a tener una sana vida sexual.

Esos mismos adolescentes que tenían un diálogo abierto con sus familias sobre el sexo y la sexualidad, demostraron ser los más prevenidos ante los riesgos y las consecuencias de las enfermedades de transmisión sexual.

¿Qué ocurre en tu casa? ¿Cómo es el diálogo con tus hijos adolescentes? ¿Te preocupa que puedan correr riesgos innecesarios? Anímate a hablar con ellos de una manera adulta, respetando sus ideas y tratando de entender sus temores y sus dudas.

Ten en cuenta que la adolescencia es una etapa de cambios continuos, mediante los cuales tus hijos están formando su identidad y van en camino a la adultez. Para ellos puede ser tan difícil pasar por esos cambios como para ti aceptarlos y acostumbrarte a que ya no tienes todo bajo control en sus vidas, porque han comenzado a tener sus propios gustos y sus propias ideas (que probablemente sean diferentes a las que tú quisieras que tengan).

¿Te parece imposible dialogar con ellos, te parecen reservados y silenciosos, sientes que no te cuentan nada ni comparten sus cosas contigo? Aprovecha y da el primer caso en abrir las vías de comunicación:
  • No los presiones y aprovecha los momentos en que ellos te proponen que conversen. En general los adolescentes evaden las conversaciones programadas, ellos deciden cuándo y sobre qué temas hablar, quizás porque necesitan animarse a  preguntarte acerca de los temas ante los cuales no saben cómo reaccionarás.
  • Sé honesto si desconoces la respuesta a alguna de sus preguntas, sobre todo en materia sexual. Puedes usar el tema de una película o de un programa de televisión para comenzar el diálogo: una ruptura de pareja, un embarazo no deseado, las consecuencias de usar drogas ilegales o tener relaciones sexuales sin protección.
  • Aprovecha cada momento para reforzar, sin discursos largos, pero de manera firme, las conductas que son aceptables y que  no son aceptables dentro del hogar. Establece consecuencias específicas para el comportamiento que no apruebas.
  • Si te cuenta algo que te altera, trata de controlar tus emociones y pregúntale por qué ha hecho tal o cual cosa, qué sentido le encuentra y trata de explicarle tu punto de vista o porque no es apropiado su comportamiento. Si te alteras, posiblemente sienta que su honestidad es recompensada con un castigo, y la próxima vez posiblemente evite hablar contigo sobre situaciones similares.
  • Si eres tú quien quiere sacar un tema de conversación, muchas veces la clave está en cómo haces la pregunta. Ir directamente al punto puede no dar resultado. Por ejemplo, en vez de preguntarle qué ha hecho en el colegio, toma sus carpetas y busca algo de información. Si descubres que el viernes hay un partido intercolegial, allí tienes un tema para empezar a hablar.
  • Recuérdate a ti mismo(a) que la forma en que tratas a tu pareja es el modelo para tus hijos. ¿Se tratan con respeto? ¿Se demuestran cariño? ¿Dedican tiempo para la relación de pareja? ¿Se ven felices?
  • Trata de conocer los gustos de tus hijos: su música o sus películas favoritas, los actores que admiran, los videojuegos que más les atraen e incluso la vida que tienen en las redes sociales.
  • Programa actividades compartidas con tus hijos: demuéstrale que estás disponible para disfrutar y para participar con ellos. Justamente en esos momentos espontáneos es cuando suelen surgir las mejores conversaciones entre padres e hijos.
El hogar es la primera escuela y los padres son los grandes maestros de toda la vida. Tenlo presente para que puedas transmitirles a tus hijos, no sólo tu amor de padre y tus conocimientos, sino tus valores y tu ejemplo.

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jueves, 29 de septiembre de 2011

Los celos en la pareja: cuándo son dañinos y cuándo no.

Existen parejas que consideran los celos como algo incluso positivo, pero lo cierto es que para algunas parejas, los celos se convierten en una pesada losa de la que tirar en el día a día de su relación, hasta el punto de agotar sus fuerzas y cesar en el intento.

1. Los celos en la pareja 


A lo largo de toda vida en pareja, los celos hacen su aparición aunque esta sea de manera puntual y ante un hecho concreto.

Existen parejas que consideran los celos como algo incluso positivo, pero lo cierto es que para algunas parejas, los celos se convierten en una pesada losa de la que tirar en el día a día de su relación, hasta el punto de agotar sus fuerzas y cesar en el intento.

Descubrir el “modus operandi” de tan enigmática emoción parece una buena idea. Aprender a conocerlos, a identificar las sensaciones que nos provocan y sobre todo descubrir la mejor manera de controlarlos, antes de que ellos sean los que nos controlen a nosotros.


2. De dónde vienen los celos 

Todos parecemos estar seguros de saber de qué estamos hablando cuando hablamos de los celos, sin embargo, la evidencia no debiera ser tal ya que la palabra celos no aparece en el diccionario, al menos en el de Maria Moliner como sustantivo.

Existen el adjetivo celoso/a y el sustantivo celo como "el afán con que una persona se ocupa en mantener algo que le pertenece". En otra acepción, celo "es el periodo de tiempo en el que la hembra de una especie dada es disponible sexualmente". Existen palabras relacionadas como recelo: "aquella actitud de temor o desconfianza ante cierta cosa que se sospecha que puede ocultar algún peligro o inconveniente", que parece vincular a los celos con una emoción relativa a la desconfianza o a la sospecha.

De tales descripciones podríamos intuir que los celos tienen que ver con la propiedad privada, con el sentido de posesión. El mismo vínculo que una persona puede tener con su ganado, sus tierras, su dinero o su territorio. Los celos no son sino una cosificación del otro, una cosificación que se hace en nombre de un derecho de propiedad sobre “algo” que se supone nos pertenece.

Estamos hablando de una emoción compleja, que constituyen una amalgama de sensaciones, pensamientos y conductas relacionadas con un temor, un temor a perder algo que se posee. Parece oportuno diferenciarlos de la envidia, que aparece ante el deseo de poseer algo de lo que se carece. Y es que en ocasiones celos y envidia comparten un territorio común que muchas veces se yuxtapone y converge en una actitud, hipervigilante, temerosa, hostil o hipercrítica. Y es que no siempre se puede poseer a las personas, aunque se tenga la ilusión de estar haciéndolo.


3. Celos y amor 

Los celos se han relacionado con el amor casi siempre como un ingrediente que añade algo de picante a los escarceos de los enamorados y como una prueba de la legitimidad y veracidad del propio proceso de enamoramiento y galanteo.

Un interesante hallazgo de la teoría sistémica es el carácter legitimador de los celos respecto al amor: si alguien es capaz de sentir que los celos son un ingrediente inevitable del amor, está condenado a sufrirlos de por vida, ya que le comunica a la pareja celosa que sus celos operan como expresión amorosa, como demostración de amor.

“Tienes celos porque me amas”. Según la teoría que da como creador de los celos al “amor romántico”, los celosos comienzan su escalada obsesiva con una legitimación que procede, una vez más del ideal de amor romántico. En este ideal anida la creencia de que los celos no sólo son una consecuencia inevitable del amor, sino también una demostración de este.

Pero hay autores que no consideran que esta creencia que liga amor y celos sea un mito. David Buss (profesor de psicología en la Universidad de Texas) en un estudio realizado con estudiantes universitarios estadounidenses señala que un 33% de los encuestados sufre de celos (mostrando síntomas como pérdida de autoestima, abuso verbal, peleas o pánico de ser acosado). Lo más curioso de este estudio, es que el 46 % de los encuestados consideró los celos como una consecuencia inevitable de amor verdadero.


4. Celos positivos 

David Buss señala que los celos, no sólo son normales sino necesarios para fortalecer el compromiso recíproco. Según Buss, unos celos bien manejados pueden enriquecer una relación y añade que la total ausencia de ellos se relaciona con la falta de romanticismo.

En este sentido, el mismo Buss observó en un trabajo con estudiantes de la Universidad de Western (Illinois), como aquellas parejas de jóvenes que mostraban un mayor nivel de celos tenían mayor probabilidad de mantener una relación duradera, es decir aquellas parejas que puntuaron más alto en la escala de celos de David Buss, permanecían juntas 25 años más tarde.

Desde un punto de vista cognitivo-conductual, los datos obtenidos por el profesor Buss que apoyarían la idea de que efectivamente un grado moderado de celos prolonga el éxito de la pareja, se podrían explicar atendiendo a las sensaciones que se producen ante los celos.

Cuando alguien tiene la sospecha de que su pareja puede sentirse atraída por otra persona, ésta acostumbra a experimentar en el clímax del ataque de celos una serie de respuestas similares a la ansiedad (taquicardia, aumento en la frecuencia respiratoria, irritación, nudo en el estómago, etc.) además focaliza su pensamiento en la pareja (¿dónde estará? Últimamente no me hace tanto caso, etc.) e intenta saber de él/ella (llamadas, preguntas a amigas).

Por otra parte, cuando alguien está enamorado las sensaciones que experimenta, aunque los motivos puedan ser diferentes, son muy similares a las enumeradas en los celos; taquicardia, aumento en la frecuencia respiratoria, irritación, nudo en el estómago, focalización de pensamiento en la persona amada (¿Dónde estará? ¿Qué estará haciendo? ¿Le gustaré?) e intentos por saber de él/ella (llamadas, preguntas a amigas).

La paridad de en ambas respuestas fisiológicas, cognitivas y conductuales explicarían cómo las parejas que sienten cierta cantidad de celos son más duraderas, ya que por así decirlo, están más tiempo “enamoradas”. Cuando se agota la sensación de enamoramiento, ésta se mantiene por las sensaciones (cuasi idénticas) provocadas por los celos.

 5. Cuando los celos son un problema 

Reza el “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” (DSM-IV) “Trastorno Delirante tipo celotípico”: La característica esencial de este trastorno es una idea delirante, en este caso el tema central es que la pareja esta siendo infiel. Esta creencia aparece sin ningún motivo y se basa en inferencias erróneas que se apoyan en pequeñas pruebas (ropa desarreglada o manchas en las sábanas), que son guardadas y utilizadas para justificar la idea delirante. El sujeto con esta idea suele discutir con pareja e intenta intervenir en la infidelidad imaginada (por Ejemplo, coartando la libertad de movimientos de la pareja, siguiéndole en secreto, investigando al supuesto amante o agrediendo a la pareja).

Una persona patológicamente celosa cree ser dueña de los sentimientos de su pareja, rompiendo el equilibrio que supone la relación de dos personas iguales. Este tipo de celos suelen acabar por socavar la personalidad y el bienestar de ambos.

Por último, cabría mencionar la posibilidad de padecer celos que sin llegar a ser delirantes, si son lo suficientemente tormentosos para el paciente como para ser incluidos en una categoría nueva. Sin embargo, tanto en psiquiatría como en psicología, las celotipias no delirantes simplemente no existen, a pesar de la evidente realidad de este fenómeno.

6. En resumen... 

A pesar de que efectivamente los celos causan un malestar considerable en muchas personas e interfieren en el funcionamiento de otras tantas parejas, lo cierto es que la investigación científica con relación a los celos es más bien pobre y los resultados derivados de esta, no son en absoluto concluyentes.

La razón fundamental que justifica esta ausencia de investigación está en que la aproximación científica a los celos no puede hacerse con el mismo rigor que a otras emociones humanas. Y es que los celos constituyen más bien un complejo constructo difícilmente mensurable, en el que interactúan diferentes emociones y pensamientos.

Y concluimos con la voluntad de haber ayudado al lector, en la medida de lo posible, a conocer un poco mejor a tan escurridizo enemigo, ¿O amigo?. Usted decide.


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miércoles, 21 de septiembre de 2011

La importancia de las tertulias familiares

Con la práctica frecuente de las tertulias, vamos creando vínculos muy profundos con nuestra familia. A través de ellas, obtenemos un mayor conocimiento de nuestros hijos y ellos de nosotros; se fomenta así una mayor comunicación. Veamos qué podemos hacer para que las tertulias sean un rato agradable y entretenido para todos. 
 1. Un encuentro familiar

Las tertulias familiares son reuniones informales en las que padres e hijos conversan de forma natural e improvisada sobre cualquier tema que sea de interés para ellos.

Si desde pequeños vamos acostumbrando a nuestros hijos a contarnos lo que hacen o lo que les ha sucedido a lo largo del día, estaremos fomentando la comunicación con ellos, fundamental a cualquier edad pero aun más en la adolescencia, etapa en la que son más vulnerables e influenciables.

Estas reuniones familiares deben realizarse habitualmente, a ser posible todos los días. Hay que buscar el momento idóneo. Lo normal es que sea después de comer o de cenar, según pueda organizarse cada familia. No debemos preocuparnos si estos encuentros no pueden ser a diario, lo esencial es que se produzcan con asiduidad y que se conviertan en una costumbre familiar.

Las familias que tienen esta costumbre, van creando a través de las tertulias unas bases de confianza y respeto que serán fundamentales para la relación padres-hijos.


2. Beneficios de las tertulias 

Con las tertulias nos adentramos en el mundo de nuestros hijos, llegamos a obtener una gran confianza y un mejor conocimiento de ellos, observamos su actitud y manera de pensar ante determinados temas, conocemos sus inquietudes y aquello que más les interesa o que más les preocupa.

Del mismo modo, ellos conocen cómo pensamos nosotros y cuáles son nuestros planteamientos e intereses. Son por tanto, un medio muy eficaz para educar, ya que a través de ellas obtenemos un amplio conocimiento de nuestros hijos y, por tanto, descubrimos cuál es la mejor forma para corregirlos, orientarlos y transmitirles valores como la responsabilidad, la tolerancia y el respeto a los demás.

A través de ellas, también les enseñamos a pensar y a reflexionar para que en todo momento tengan las ideas claras y criterio propio y no un criterio de masas. Conseguiremos también que sean más comunicativos y que tengan más capacidad de expresión.

Otro beneficio de las tertulias es que pueden despertarles el interés por temas muy diversos. Conforme se van haciendo mayores debemos ir abarcando todo tipo de temas: actualidad, geografía, política, familia... y transmitirles conocimientos y experiencias personales, que harán que despierten su interés por todo lo que les rodea y que sientan necesidad de ampliar sus conocimientos.


3. Las tertulias y el sentido del humor   

Los padres deben conseguir que sea un rato agradable para toda la familia, evitando discusiones innecesarias y procurando un clima distendido y relajado. Deben lograr también que sean interesantes y divertidas y que prevalezca, en todo momento, el sentido del humor.

En ocasiones, pueden surgir discrepancias que hagan que el ambiente sea tenso o que alguien ridiculice el punto de vista del otro, que no se respeten las intervenciones o que no se preste atención a lo que se dice. En estos casos, los padres deben intervenir para suavizar la tensión y la mejor forma de hacerlo es con sentido del humor.

En lugar de ejercer nuestra autoridad como padres, hagamos una broma de esa mala actitud de nuestro hijo con una frase divertida o una comparación oportuna. De esta forma, también podrá entender lo ridículo e inoportuno que ha sido su comportamiento. El humor es una buena salida para que las discusiones no vayan a más y para calmar la tensión en algunos momentos.

No podemos olvidar que lo que pretendemos de las tertulias es que sean un encuentro agradable para todos. Si además tenemos en cuenta la facilidad de todos los niños para reír, entonces debemos aprovecharlas para fomentarles el sentido del humor a través de ellas.

Introducir de vez en cuando un chiste gracioso o contar anécdotas de forma divertida buscando que nuestros hijos se rían e invitándolos a que ellos hagan lo mismo, hará que su sentido del humor se desarrolle y por tanto, que sean niños más felices.


4. Claves para que las tertulias tengan éxito  

- Escuchar atentamente. Dejar hablar a los niños permitiendo que den sus opiniones y puntos de vista, sin interrumpirles para darles algún consejo o para hacerles alguna pregunta hasta que no hayan terminado su intervención. El niño debe saber que puede expresarse tranquilamente, sabiendo que lo están escuchando con atención y sin prisas. De igual forma, ellos también deben respetar el turno de los demás.

- Mostrar interés por su vida fuera del hogar. Preguntarles por sus amigos más cercanos, qué ha hecho en el colegio o cómo le ha ido el partido de fútbol. Los hijos agradecerán nuestro interés y sabrán que pueden contar con nuestra ayuda en todo momento, porque conocemos su mundo fuera de casa y nos interesa y preocupa todo lo referente a ellos.

- Comunicación entretenida. Los padres también deben contar a sus hijos algún acontecimiento que les suceda a lo largo de los días, pero de forma entretenida y procurando que les entiendan perfectamente. Deben hablarles también de sus compañeros de trabajo y qué relación tiene con ellos. Esto permitirá que los niños vayan conociendo el mundo de sus padres.

- Respeto mutuo. Es fundamental que exista un profundo respeto entre todas las personas que forman la tertulia. En ningún momento se debe ridiculizar la intervención de nadie, ni hacer gestos o decir palabras que demuestren que su intervención para nosotros es un fastidio.

- Crear un buen ambiente. Aunque estemos cansados, de mal humor o hayamos tenido un día muy duro, no podemos permitir que nos afecte en nuestra tertulia diaria. Hemos de estar preparados para darles lo mejor de nosotros a nuestra familia y hacer todo lo posible para pasar un buen rato con ello.



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