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viernes, 7 de octubre de 2011

¿Existe relación entre el sexo oral y el cáncer oral?

Desafortunadamente, la respuesta es sí.  En parte debido a cambios en las actitudes frente al sexo, la desinformación  y la falsa creencia de que el sexo oral es seguro han logrado cambiar el rostro del típico paciente con cáncer oral: hombre, de edad avanzada, fumador y bebedor de alcohol. Hoy los pacientes son más jóvenes, de ambos sexos, no fuman y beben alcohol esporádicamente. ¿Por qué esta nueva tendencia? Los especialistas la asocian al contagio del virus del papiloma humano genital, transmitido sexualmente y relacionado con la mitad de los casos de cáncer oral. ¿Estás tú o alguien de tu familia en peligro? 

Hasta hace una década, era poco probable que una mujer desarrollara cáncer oral  (en la boca, en la lengua o en la garganta) a los 20 o a los 30 años. Y menos si nunca había fumado o no tomaba bebidas alcohólicas. Este tipo de cáncer afectaba por lo general a los hombres de más de 50 años y sus principales factores de riesgo eran el uso del tabaco y el consumo del alcohol. De ahí la gran sorpresa de Diana, de 32 años, no fumadora y de vida activa y saludable cuando se encontró que lo que comenzó como un simple dolor de garganta resultó ser un cáncer en las amígdalas en su etapa 2.  Aunque ya hoy su enfermedad está en remisión, Diana admite el gran impacto que representó para ella saber que su cáncer se originó por un virus: el del papiloma humano genital (o VPH).


El culpable detrás de la nueva tendencia: el VPH
El aumento de la incidencia del cáncer oral en una población más joven tiene una causa: el virus VPH. Según datos aportados por la American Cancer Society (Sociedad Americana contra el Cáncer), casi la mitad de los casos del cáncer oral están relacionados con este virus y la tendencia va en aumento.  ¿Qué es el VPH?

Según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (conocido como CDC por sus siglas en inglés), es el virus que produce la mayor cantidad de infecciones transmitidas sexualmente.  Existen más de 40 tipos de VPH, unos producen verrugas genitales, mientras que otro tipo produce el cáncer cervical  (o del cuello del útero).  Este es el mismo virus que se asocia con el cáncer oral. El VPH (virus del papiloma humano) se transmite de una persona a otra mediante el contacto directo de piel a piel durante el sexo genital y oral y se desarrolla perfectamente en tejidos finos delicados y húmedos como los que recubren tanto los genitales como la boca.
 
Como el VPH se adhiere al lugar en donde llega al cuerpo y no viaja por el torrente sanguíneo, la conexión entre el cáncer oral producido por el VPH y sexo oral es directa.

Del contagio al cáncer
Si una persona tiene sexo sin protección con una persona infectada, puede adquirir el virus y ni darse cuenta porque en muchas ocasiones no se tienen síntomas.  La mayoría  de las veces el sistema inmunológico (de defensas) logra deshacerse de la infección en un período de 2 años, pero durante ese tiempo, la persona infectada puede seguir transmitiendo el virus.  En ocasiones, cepas del VPH de algo riesgo destruyen las células saludables y su capacidad de repararse o de controlar la forma en que se reproducen. Esas células se convierten entonces en células cancerosas.  Los síntomas comenzarán a aparecer incluso años después de que la persona ha sido infectada, e incluyen: dificultad al tragar, llagas que no se curan en la boca o dolor persistente en un lado de la garganta.

¿Quiénes tienen riesgo de contraerlo?
Según un estudio publicado en el Journal of Clinical Oncology, los hombres tienen una probabilidad 35% mayor de contraerlo que las mujeres, pero ambos sexos están en riesgo de infectarse.  Aunque todavía no se conoce de qué manera influye la orientación sexual dentro de la ecuación, sí se sabe que el mayor factor de riesgo es tener muchas parejas sexuales.  Así que tanto los heterosexuales como los homosexuales corren peligro: mientras más parejas sexuales se tengan, mayor es el riesgo de infectarse y por ende, de desarrollar cáncer oral.

Otro grupo que está en un riesgo muy elevado es el de los adolescentes.  Según un estudio de la publicación Pediatrics, éstos se inclinan a pensar que el sexo oral es un sexo seguro sencillamente  porque no produce embarazos.

Medidas de prevención
  • Reducir el número de parejas sexuales
  • Vacunación: Las vacunas  pueden proteger a los adolescentes de ambos sexos contra casi todos los tipos comunes de VPH. Se administran en tres inyecciones o tres vacunas y es importante recibir las tres para contar con la mejor protección. Las vacunas son más eficaces si se administran antes de que la persona tenga su primer contacto sexual, cuando podría estar expuesta al VPH.
    • Niñas y mujeres: Existen dos vacunas (Cervarix y Gardasil) para proteger a las mujeres contra los tipos de VPH que causan la mayoría de los cánceres de cuello uterino. Una de estas vacunas (Gardasil) también protege contra la mayoría de las verrugas genitales. Se recomienda iniciar la vacunación entre los 9 y los 11 años de edad.
    • Niños y hombres: Una de estas vacunas (Gardasil) protege a los varones [4] contra la mayoría de las verrugas genitales. Esta vacuna está disponible para varones de 9 a 26 años de edad.
  • Practicar sexo seguro mediante el uso de condones. Para que sean más eficaces, se deben usar correctamente en todas las relaciones sexuales, desde el inicio hasta el final.
Otras medidas de prevención no relacionadas con el contagio del VPH:
  • Evitar el cigarrillo y el consumo excesivo de alcohol
  • Reducir la exposición al sol (produce cáncer en los labios)
  • Revisar posibles lesiones provocadas por dentaduras postizas
  • Incorporar a la dieta una buena cantidad de frutas y vegetales
Es sumamente importante que tanto los adultos como los adolescentes estén al tanto de estos riesgos y asuman las responsabilidades que conlleva una vida sexualmente activa.  La información de qué constituye sexo seguro o no y las consecuencias de sexo sin protección es vital para detener el contagio del VPH (virus del papiloma humano) y por extensión, el riesgo de contraer cáncer oral.

 Fuente

jueves, 29 de septiembre de 2011

Los celos en la pareja: cuándo son dañinos y cuándo no.

Existen parejas que consideran los celos como algo incluso positivo, pero lo cierto es que para algunas parejas, los celos se convierten en una pesada losa de la que tirar en el día a día de su relación, hasta el punto de agotar sus fuerzas y cesar en el intento.

1. Los celos en la pareja 


A lo largo de toda vida en pareja, los celos hacen su aparición aunque esta sea de manera puntual y ante un hecho concreto.

Existen parejas que consideran los celos como algo incluso positivo, pero lo cierto es que para algunas parejas, los celos se convierten en una pesada losa de la que tirar en el día a día de su relación, hasta el punto de agotar sus fuerzas y cesar en el intento.

Descubrir el “modus operandi” de tan enigmática emoción parece una buena idea. Aprender a conocerlos, a identificar las sensaciones que nos provocan y sobre todo descubrir la mejor manera de controlarlos, antes de que ellos sean los que nos controlen a nosotros.


2. De dónde vienen los celos 

Todos parecemos estar seguros de saber de qué estamos hablando cuando hablamos de los celos, sin embargo, la evidencia no debiera ser tal ya que la palabra celos no aparece en el diccionario, al menos en el de Maria Moliner como sustantivo.

Existen el adjetivo celoso/a y el sustantivo celo como "el afán con que una persona se ocupa en mantener algo que le pertenece". En otra acepción, celo "es el periodo de tiempo en el que la hembra de una especie dada es disponible sexualmente". Existen palabras relacionadas como recelo: "aquella actitud de temor o desconfianza ante cierta cosa que se sospecha que puede ocultar algún peligro o inconveniente", que parece vincular a los celos con una emoción relativa a la desconfianza o a la sospecha.

De tales descripciones podríamos intuir que los celos tienen que ver con la propiedad privada, con el sentido de posesión. El mismo vínculo que una persona puede tener con su ganado, sus tierras, su dinero o su territorio. Los celos no son sino una cosificación del otro, una cosificación que se hace en nombre de un derecho de propiedad sobre “algo” que se supone nos pertenece.

Estamos hablando de una emoción compleja, que constituyen una amalgama de sensaciones, pensamientos y conductas relacionadas con un temor, un temor a perder algo que se posee. Parece oportuno diferenciarlos de la envidia, que aparece ante el deseo de poseer algo de lo que se carece. Y es que en ocasiones celos y envidia comparten un territorio común que muchas veces se yuxtapone y converge en una actitud, hipervigilante, temerosa, hostil o hipercrítica. Y es que no siempre se puede poseer a las personas, aunque se tenga la ilusión de estar haciéndolo.


3. Celos y amor 

Los celos se han relacionado con el amor casi siempre como un ingrediente que añade algo de picante a los escarceos de los enamorados y como una prueba de la legitimidad y veracidad del propio proceso de enamoramiento y galanteo.

Un interesante hallazgo de la teoría sistémica es el carácter legitimador de los celos respecto al amor: si alguien es capaz de sentir que los celos son un ingrediente inevitable del amor, está condenado a sufrirlos de por vida, ya que le comunica a la pareja celosa que sus celos operan como expresión amorosa, como demostración de amor.

“Tienes celos porque me amas”. Según la teoría que da como creador de los celos al “amor romántico”, los celosos comienzan su escalada obsesiva con una legitimación que procede, una vez más del ideal de amor romántico. En este ideal anida la creencia de que los celos no sólo son una consecuencia inevitable del amor, sino también una demostración de este.

Pero hay autores que no consideran que esta creencia que liga amor y celos sea un mito. David Buss (profesor de psicología en la Universidad de Texas) en un estudio realizado con estudiantes universitarios estadounidenses señala que un 33% de los encuestados sufre de celos (mostrando síntomas como pérdida de autoestima, abuso verbal, peleas o pánico de ser acosado). Lo más curioso de este estudio, es que el 46 % de los encuestados consideró los celos como una consecuencia inevitable de amor verdadero.


4. Celos positivos 

David Buss señala que los celos, no sólo son normales sino necesarios para fortalecer el compromiso recíproco. Según Buss, unos celos bien manejados pueden enriquecer una relación y añade que la total ausencia de ellos se relaciona con la falta de romanticismo.

En este sentido, el mismo Buss observó en un trabajo con estudiantes de la Universidad de Western (Illinois), como aquellas parejas de jóvenes que mostraban un mayor nivel de celos tenían mayor probabilidad de mantener una relación duradera, es decir aquellas parejas que puntuaron más alto en la escala de celos de David Buss, permanecían juntas 25 años más tarde.

Desde un punto de vista cognitivo-conductual, los datos obtenidos por el profesor Buss que apoyarían la idea de que efectivamente un grado moderado de celos prolonga el éxito de la pareja, se podrían explicar atendiendo a las sensaciones que se producen ante los celos.

Cuando alguien tiene la sospecha de que su pareja puede sentirse atraída por otra persona, ésta acostumbra a experimentar en el clímax del ataque de celos una serie de respuestas similares a la ansiedad (taquicardia, aumento en la frecuencia respiratoria, irritación, nudo en el estómago, etc.) además focaliza su pensamiento en la pareja (¿dónde estará? Últimamente no me hace tanto caso, etc.) e intenta saber de él/ella (llamadas, preguntas a amigas).

Por otra parte, cuando alguien está enamorado las sensaciones que experimenta, aunque los motivos puedan ser diferentes, son muy similares a las enumeradas en los celos; taquicardia, aumento en la frecuencia respiratoria, irritación, nudo en el estómago, focalización de pensamiento en la persona amada (¿Dónde estará? ¿Qué estará haciendo? ¿Le gustaré?) e intentos por saber de él/ella (llamadas, preguntas a amigas).

La paridad de en ambas respuestas fisiológicas, cognitivas y conductuales explicarían cómo las parejas que sienten cierta cantidad de celos son más duraderas, ya que por así decirlo, están más tiempo “enamoradas”. Cuando se agota la sensación de enamoramiento, ésta se mantiene por las sensaciones (cuasi idénticas) provocadas por los celos.

 5. Cuando los celos son un problema 

Reza el “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” (DSM-IV) “Trastorno Delirante tipo celotípico”: La característica esencial de este trastorno es una idea delirante, en este caso el tema central es que la pareja esta siendo infiel. Esta creencia aparece sin ningún motivo y se basa en inferencias erróneas que se apoyan en pequeñas pruebas (ropa desarreglada o manchas en las sábanas), que son guardadas y utilizadas para justificar la idea delirante. El sujeto con esta idea suele discutir con pareja e intenta intervenir en la infidelidad imaginada (por Ejemplo, coartando la libertad de movimientos de la pareja, siguiéndole en secreto, investigando al supuesto amante o agrediendo a la pareja).

Una persona patológicamente celosa cree ser dueña de los sentimientos de su pareja, rompiendo el equilibrio que supone la relación de dos personas iguales. Este tipo de celos suelen acabar por socavar la personalidad y el bienestar de ambos.

Por último, cabría mencionar la posibilidad de padecer celos que sin llegar a ser delirantes, si son lo suficientemente tormentosos para el paciente como para ser incluidos en una categoría nueva. Sin embargo, tanto en psiquiatría como en psicología, las celotipias no delirantes simplemente no existen, a pesar de la evidente realidad de este fenómeno.

6. En resumen... 

A pesar de que efectivamente los celos causan un malestar considerable en muchas personas e interfieren en el funcionamiento de otras tantas parejas, lo cierto es que la investigación científica con relación a los celos es más bien pobre y los resultados derivados de esta, no son en absoluto concluyentes.

La razón fundamental que justifica esta ausencia de investigación está en que la aproximación científica a los celos no puede hacerse con el mismo rigor que a otras emociones humanas. Y es que los celos constituyen más bien un complejo constructo difícilmente mensurable, en el que interactúan diferentes emociones y pensamientos.

Y concluimos con la voluntad de haber ayudado al lector, en la medida de lo posible, a conocer un poco mejor a tan escurridizo enemigo, ¿O amigo?. Usted decide.


 Fuente

jueves, 22 de septiembre de 2011

El error de querer cambiar al otro

Querer corregir ciertos aspectos de la personalidad de nuestra pareja es un error en el que todos alguna vez hemos caído. En la pareja es muy importante que ambos conserven su propia personalidad, pero también es necesario que ninguno intente cambiar al otro. Deben aceptarlo con sus cualidades y sus defectos.

  1. ¿Cambiamos al iniciar una relación?


Al comienzo de una relación todos tendemos a adaptarnos a nuestra pareja, cambiamos algunos aspectos de nuestro carácter y modificamos parte de nuestros comportamientos para hacer más agradable y fácil la relación.
 
Tratar de adaptarse el uno al otro forma parte de la propia relación, ya que no somos iguales ni tenemos exactamente las mismas aficiones, objetivos, inquietudes... Para lograr una buena relación tendremos que ceder y renunciar con frecuencia a los propios deseos.

Normalmente siempre aprendemos algo de las cualidades de nuestra pareja y de su forma de ser y actuar, lo que nos motiva a esforzarnos para hacer las cosas de forma distinta.

Cada persona nos aporta cosas diferentes. De todas podemos aprender y todas pueden inspirarnos a cambiar algo en nosotros para superarnos o mejorar, especialmente aquellas personas por quienes nos sentimos atraídos o enamorados. Poseen mayor influencia sobre nosotros, puesto que las valoramos más y le damos más importancia a todo aquello que hacen o dicen.

Son cambios positivos, que se producen de manera voluntaria y espontánea, ya que es una forma de evolucionar.

El problema surge cuando es la otra persona quien espera de nosotros esos cambios e intenta influir para que éstos se produzcan.

 2. ¿Por qué deseamos cambiar a nuestra pareja?


Hay quienes constantemente desean cambiar cosas de su pareja, critican esto o aquello y siempre sugieren qué debería hacer o cómo debería comportarse. En casos extremos, se trata de personas poco tolerantes y autoritarias que pretenden coartar la libertad del otro porque su conducta no se ajusta a su criterio o personas excesivamente maniáticas, que no pueden controlar sus impulsos de estar constantemente corrigiendo aquello que les molesta.

En muchas ocasiones, este intento se produce porque en la fase del enamoramiento no percibimos los defectos de la pareja o no le damos importancia. El enamoramiento nos produce un efecto transitorio en el que no vemos los defectos ajenos. Es con el paso del tiempo cuando empezamos a observar los defectos, manías y costumbres de nuestra pareja. Tendremos que aceptarlos y asumir que hay cosas que no se pueden cambiar.

Sin embargo, este deseo de querer cambiar algún aspecto de nuestra pareja se produce en casi todas las parejas: formas de vestir, palabras que no deben decir, codazos disimulados y pataditas por debajo de la mesa...

Algunos lo aceptan de buen grado, pero muchos se sienten obligados, porque en caso contrario tendrán que enfrentarse a caras largas y a algún que otro enfado.

Distinto sería tratar de corregir determinados comportamientos que podrían estar perjudicando a nuestra pareja, como por ejemplo hacerle ver que está siendo imprudente o indiscreta, o que su falta de organización está perjudicando a quienes trabajan o conviven con ella. O intentar que tenga las mismas aficiones que nosotros para compartir momentos de ocio juntos, etc. Esta sería una actitud positiva.

Tenemos que tener en cuenta que cuando intentamos cambiar a nuestra pareja y estamos continuamente corrigiéndola o resaltándole sus defectos, podemos dañar su autoestima o hacerle sentir como un auténtico desastre lleno de defectos. Cuando nos comportamos así, puede convertirse en un suplicio para ella y es muy probable que pierda el interés por estar con nosotros.
 
Es muy importante que la aceptemos como es, con sus defectos, manías?no podemos empeñarnos en que deje de hacer tal cosa o haga esta otra porque a nosotros nos guste más ni pretender que sea de una forma determinada ni que se comporte de acuerdo a nuestro criterio.
Si todo lo que hace nuestra pareja nos molesta, probablemente el problema no está en ella sino en uno mismo, tal vez ya no estemos enamorados de ella o nos estamos cansando de esa relación.

3. Ser tolerantes con sus defectos


Al principio una relación vemos los defectillos o manías como algo gracioso y peculiar de nuestra pareja, pero con el paso del tiempo nos ponen de los nervios y no podemos aguantarlos, aquello que antes nos parecía gracioso ahora nos resulta insoportable.
 
Con el tiempo nos volvemos más intolerantes con los defectos de nuestra pareja y deseamos que los corrija. Si algo nos molesta mucho debemos decírselo pero con tacto y respeto. No podemos obsesionarnos con sus comportamientos. Estar constantemente corrigiéndole nos convertiría en una persona insoportable.

Aunque se trate de auténticos defectos que sería aconsejable corregir, nadie puede exigirle que los modifique, sería mejor sugerirlo o ayudarle con paciencia a corregirlos siempre y cuando, así lo desee ella. Nadie puede forzar a otro a cambiar.

Cuando insistimos en exceso o lo intentamos de malas formas, podemos hacer que se sienta atacada y obligada a comportarse según nuestro modo de verlo, sin que ella lo comparta o simplemente lo desee. No podemos estar continuamente resaltando los defectos de los demás.
 
Debemos ser conscientes de las limitaciones y posibilidades de nuestra pareja, aceptar aquellos defectos que no puede superar y no esperar por encima de sus posibilidades. Tenemos que renunciar a la idea de modificar aquello que no nos gusta de ella, porque no depende de nosotros, no somos quien para juzgar sus actitudes o comportamientos.

Es importante darnos cuenta de que nosotros también tenemos defectos o manías que pueden molestar al otro y que, probablemente, nos esté aguantando sin decir nada.

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