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martes, 29 de noviembre de 2011

Cómo convivir con los suegros

Cómo convivir con los suegros sin morir en el intento




Hay quienes se hacen estas preguntas ¿con quién me casé?, ¿se casa uno con la pareja o con la familia de esa pareja?, ¿pueden los suegros decidir por mi?, ¿hasta dónde o hasta cuándo pueden opinar?, ¿por qué tus padres se meten tanto en nuestra relación?, ¿mejor escoja o tus padres o yo?. Si en alguna ocasión estas ideas han pasado por su mente le invito que analicemos como podemos apuntar a una mejor convivencia familiar y evitar así el desgaste en una relación.


En ocasiones estas frases surgen en algunas relaciones de pareja, al punto de convertirse en causa de divorcio.

Pareciera que en este tipo de relación no se discrimina el espacio de pareja del espacio familiar, los límites no están claros y los roles no están establecidos de manera intencional para cada uno de los miembros de la familia, de ahí que las situaciones de crisis surgen y se vuelven cada vez más tensas.

Con quién se casa uno

Si bien es cierto la decisión de casarse implica el desear permanecer y unirse a otra persona para compartir metas y sueños, la verdad es que se nos olvida que esa persona que elegí para tal propósito viene en combo, es decir, esa persona trae un trasfondo no sólo personal sino familiar que también tengo que aprender en la medida de lo posible a aceptar y amar.

Las personas que más sufren en una relación son quienes creen que la pareja es alguien que existe a partir del momento en que se conocen, por lo que tratan de olvidar y en algunos casos desechar a sus amigos, sus experiencias anteriores de pareja y hasta a su propia familia. No digo que sea ciento por ciento fácil conocer algunos detalles del pasado de la pareja, pero tampoco podemos verlo como algo imposible de lograr. Está claro que es esta aceptación mutua la que propicia mejores beneficios a la relación.

Indudablemente una relación de pareja funcional es aquella que desarrolla su capacidad de aceptación y por ende de adaptación, comprendiendo que la pareja es el resultado de una historia de vida personal y familiar y esta historia viene adentro de cada quien.

Conoce usted la familia de origen de su pareja?

Conocer la familia de origen de la pareja es crucial y relevante, pues es en este círculo primario de socialización que aprendemos roles que asumiremos más adelante, así como técnicas disciplinarias, estilos de amar e incluso las expectativas de género entre otros puntos.

En nuestra cultura se fomenta y se ha perpetuado un modelo de familia que socialmente es el más aceptado, (no así el más sano y conveniente), el cual utiliza la sobreprotección como un mecanismo para mantenerla unida, dándole a los padres el control absoluto de la misma. Es aquí donde los hijos son simplemente una extensión de los padres. Tienen que creer y vivir de acuerdo a lo que estos le impongan.

Cuando se constituye una relación estos detalles no pueden pasar desapercibidos, pues si ambas partes crecieron en hogares similares y bajo una dinámica de sobreprotección, es muy probable que terminen sintiendo dicha dinámica como normal y hasta necesaria, cada quien controla al otro y por supuesto la intervención o intromisión de los suegros no se percibirá como amenaza.

El problema real surge cuando al iniciar la convivencia con otra persona cuya familia de origen funcionaba diferente, donde en lugar de sobreprotección se le enseño a los hijos autonomía, la pareja comenzará a tener choques de roles que pondrá en riesgo su proyecto de vida.

Visualice por ejemplo a una mujer de 27 años, quien creció en un hogar donde los padres tomaban esa actitud de sobreprotección, escogían sus amistades, le facilitaron llave de la casa hasta su mayoría de edad, tomaban por ella sus propias decisiones como lo son la elección de carrera, la edad para casarse, etc, por supuesto que el día que esta mujer se involucre en una relación de pareja es muy probable primeramente que le otorgue a su novio o esposo el rol que asumían sus padres respecto a su vida, sumado al hecho de que sus propios padres decidirán en esta etapa de su vida nuevamente pues no ha existido el corte del cordón umbilical, lo que pondrá en crisis a la otra persona si no esta acostumbrado a esa dinámica.

Está claro que si su esposo creció en una familia donde la autonomía, la individualidad y la identidad se construyó a lo largo de su adolescencia, esta dinámica chocará con su propia filosofía de vida.

Entendamos que a la inversa sucede exactamente lo mismo, pueden ser los padres de él que tomen un rol protagonista en la relación de pareja, siendo los efectos similares.

Lo sano es que lejos de prejuiciarnos con nuestros suegros la clave está en conocer su contexto y origen y por supuesto los efectos de su dinámica familiar en el resto de la familia.

¿Siempre son las suegras las malas de la película?

No sé si usted se ha puesto a pensar desde cuando se empezó a hablar tan mal de las suegras, chistes, historietas, sarcasmo y juicio hay contra ellas, pero esta tradición cultural a muchos les ha prejuiciado en su trato a las mismas. Piénselo por un momento, verdad que pareciera que muchas veces esta idea viene a nuestra mente y se antepone a la relación.

Un principio que es parte de las relaciones interpersonales nos dice que usted y yo vamos a tratar a los demás de acuerdo a como los percibimos, siendo así imagínese que problemático si esa percepción está guiada por una serie de prejuicios o estereotipos culturalmente trasmitidos, lo que lanza la necesidad de que usted revise y si es posible elimine de su estructura cognitiva todo prejuicio, más cuando usted como mujer tiene un 100% de probabilidad de convertirse en suegra en un futuro cercano.

Que tal si usted se asegura de que la opinión que tenga sobre sus suegros no este sesgada por un prejuicio que generalmente propicia la rivalidad y competencia que termina afectando la familia.
En detalle algunos factores que influyen en la convivencia...

Una vez entendidos que los prejuicios son necesarios de eliminar analicemos algunos elementos que pueden influir en la participación de los suegros en una relación:

1. Carencias de los padres: en algunos matrimonios consolidados a través de los años se les ha impuesto a los hijos de manera encubierta y sin mala intención algunos roles que permiten mantener su propia relación, es decir, son los hijos y bajo el rol adoptado que le dan soporte a sus padres para que continúen en y con esa relación, de ahí que cuando el hijo o la hija ya no está en casa debido a que se casó, hay padres que tratan de mantenerlos cerca para que esa relación no detone en un divorcio, pues lo único que los une son los hijos no el amor ni mucho menos un proyecto de vida en común.

2. Posición ordinal: hay familias que están experimentando por primera vez un matrimonio de los hijos, por lo que al tratarse de una experiencia novedosa los padres no se han ubicado en su nuevo rol por lo que es necesario remarcarlo. Si quien se casó es el o la mayor de los hijos, es con él o ella que aprenderán a ubicar la línea de influencia. A pesar de esto no podemos obviar el otro caso que se da y es cuando más bien fue la o el menor de los hijos quien se casó, donde algunos padres lo visualizan como el más débil de la familia (no significa que así sea) y por tanto hay que ayudarle en cada una de sus cosas por que todavía a sus treinta añitos no podrá asumir esta responsabilidad del matrimonio por si mismo (a). Nuevamente se observa una dinámica familiar cargada de sobreprotección tan peligrosa.

3. Género: respecto a este punto las mujeres en la mayoría de casos y por cultura generan más dependencia de la familia de origen, más cuando las frases como “los hijos de mi hijos no se si serán, pero los hijos de mis hijas nietos serán” lleva a muchos padres de familia a involucrarse más activamente en el desarrollo de la nueva familia, más cuando hay nietos de por medio y ambos padres laboran.

4. Rol de los padres: si bien es cierto ya esto se mencionó, es uno de los factores que más interviene en la variable que analizamos, de ahí la importancia de recalcarlo e identificarlo. Hay hijos e hijas que una vez casados le siguen otorgando a sus padres un rol que calzaba cuando convivía con ellos, no ahora que mantiene su propia familia.

5. Modelo de resolución de conflictos: ha visto usted el caso de familias donde los y las hermanas al discutir requieren la intervención de sus padres para poder llegar a acuerdos. Bueno es muy probable que una vez casados cuando tengan una discusión con su pareja también requiera que sus propios padres intervengan para llegar a una conciliación, lo cual termina añadiendo combustible al sistema pues los padres tenderán a proteger a su hijo o hija en la mayoría de casos. Por favor trate de no tomar de consejeros a sus padres ni mucho les hable mal de su pareja que tarde o temprano pasarán la factura. Un conflicto de pareja involucra solo a dos, así que mantenga a terceros donde exista una cercanía afectiva a distancia al mismo para que no afecte la evolución del mismo.

¿Cómo entender la intervención de los suegros? Detalles a recordar.
1. Recuerde que toda relación para que llegue a ser significativa y válida involucra las relaciones vitales de cada uno de los miembros de la pareja. El problema no es que los suegros intervengan, el problema es que usted como pareja no tenga claro el hasta dónde y cómo puede intervenir. Esta es una decisión de pareja y no sólo de una de las partes, de ahí que el acuerdo es fundamental para evitar malentendidos, eso sí tenga claro que para su pareja sus padres son importantes y significativos.

2. Recuerde que hay situaciones en las que los padres de alguno de los dos puede intervenir. Que en algunos momentos alguno de los suegros intervenga no debe percibirse de mala manera, siempre y cuando esa intervención no denigre o disminuya a una las personas de la relación. Escuchar otras opiniones y consejos ayuda muchas veces a encontrar la luz, pero si esos consejos dañan es mejor ignorarlos y por supuesto recortarlos.

3. Recuerde que hay una diferencia entre una intervención y una intromisión. Cuando hay una intervención la pareja previamente comunicó su deseo y expectativa de manera mutua y clara, contrariamente a la intromisión que se da cuando sin previa solicitud los suegros asumen un rol que no compete. Lo que realmente daña a una pareja es la intromisión y no la intervención, sin embargo, en el fondo es la misma pareja la que ha permitido ceder ese espacio a sus suegros.



Pero, entonces cómo convivir mejor entre seis, cinco, cuatro tres?

Realmente si se puede convivir con los suegros y ser feliz.

No es cierto que la pareja más feliz de la historia ha sido Adán y Eva por que no tenían suegros, creame que se puede pero primero hay que intentarlo. Aquí le comparto algunas ideas que pueden ayudarle a usted a lograrlo:

1. Si hay malestar, resentimiento o dolor añejo por una situación no resuelta con sus suegros primeramente dese la oportunidad de expresar y manifestar sus sentimientos y pensamientos, esto permite liberar energía que le limita su capacidad de disfrute, ya que bajo un estado emocional alterado las cosas tienden a complicarse.

2. Evite el efecto telepatía, es decir, no pretenda que los suegros sepan lo que usted piensa sin haber comunicado sus expectativas y necesidades de espacio. Hable buscando el momento más oportuno, así como el espacio preciso.

3. Expresar reduce la repetición, aunque algunas veces no se resuelva. La resolución involucra a ambas partes, por lo que si la otra parte no está dispuesta a ajustar o adaptarse la solución es aún lejana. Lo importante es que si usted ya lo expresó la otra parte conoce su posición.

4. No se prejuicie ni suponga, reaccione a lo verdadero y busque la información que hace falta, ya que cuando una persona parte de supuestos o caprichos termina dañándose a sí misma.

5. Nunca hable más de la cuenta, recuerde que son sus suegros pero los padres de su pareja. Cuide los calificativos y opiniones que emite, ya que las palabras mal dirigidas abren heridas.

6. Apunte a las actitudes y conductas no a la persona. Si le disgusta algo de sus suegros trate de referirse a ellos en términos de conducta no de persona, es decir, en lugar de expresar “es que su mamá es una necia”, es mejor decir “cuando su madre opina sin que le solicitemos siento que invade mi espacio de pareja”.

7. Sea breve, no le de tantas vueltas ni escarbe en el pasado, ya que se convertirá en una conversación innecesaria donde las facturas se sacan pero no hay acuerdos claros. Una idea que ayuda es apoyarse en un guión donde anote los puntos a discutir para no hablar más ni menos de lo necesario.

8. Nunca comprometa a su pareja si realmente lo o la ama, pues poner a escoger entre dos personas que se aman y son parte central de la vida nunca será una buena opción. No compita por el afecto, compita por adaptarse.

9. Construya un modelo de relación de pareja y familia donde se conozcan claramente los roles de cada quien en diferentes áreas de la convivencia familiar, lo cual ayuda a aclarar los límites y espacios de pareja y de familia. Este ejercicio evita las sorpresas y por supuesto las intromisiones.

10. Busque un conciliador o bien un tercero en caso de que sea imposible un acuerdo y usted haya intentado todo lo anterior. Puede ser un sacerdote, un pastor, un psicólogo o un consejero según usted lo prefiera, eso si que este tercero sea alguien ajeno a la familia.


Fuente

jueves, 29 de septiembre de 2011

Los celos en la pareja: cuándo son dañinos y cuándo no.

Existen parejas que consideran los celos como algo incluso positivo, pero lo cierto es que para algunas parejas, los celos se convierten en una pesada losa de la que tirar en el día a día de su relación, hasta el punto de agotar sus fuerzas y cesar en el intento.

1. Los celos en la pareja 


A lo largo de toda vida en pareja, los celos hacen su aparición aunque esta sea de manera puntual y ante un hecho concreto.

Existen parejas que consideran los celos como algo incluso positivo, pero lo cierto es que para algunas parejas, los celos se convierten en una pesada losa de la que tirar en el día a día de su relación, hasta el punto de agotar sus fuerzas y cesar en el intento.

Descubrir el “modus operandi” de tan enigmática emoción parece una buena idea. Aprender a conocerlos, a identificar las sensaciones que nos provocan y sobre todo descubrir la mejor manera de controlarlos, antes de que ellos sean los que nos controlen a nosotros.


2. De dónde vienen los celos 

Todos parecemos estar seguros de saber de qué estamos hablando cuando hablamos de los celos, sin embargo, la evidencia no debiera ser tal ya que la palabra celos no aparece en el diccionario, al menos en el de Maria Moliner como sustantivo.

Existen el adjetivo celoso/a y el sustantivo celo como "el afán con que una persona se ocupa en mantener algo que le pertenece". En otra acepción, celo "es el periodo de tiempo en el que la hembra de una especie dada es disponible sexualmente". Existen palabras relacionadas como recelo: "aquella actitud de temor o desconfianza ante cierta cosa que se sospecha que puede ocultar algún peligro o inconveniente", que parece vincular a los celos con una emoción relativa a la desconfianza o a la sospecha.

De tales descripciones podríamos intuir que los celos tienen que ver con la propiedad privada, con el sentido de posesión. El mismo vínculo que una persona puede tener con su ganado, sus tierras, su dinero o su territorio. Los celos no son sino una cosificación del otro, una cosificación que se hace en nombre de un derecho de propiedad sobre “algo” que se supone nos pertenece.

Estamos hablando de una emoción compleja, que constituyen una amalgama de sensaciones, pensamientos y conductas relacionadas con un temor, un temor a perder algo que se posee. Parece oportuno diferenciarlos de la envidia, que aparece ante el deseo de poseer algo de lo que se carece. Y es que en ocasiones celos y envidia comparten un territorio común que muchas veces se yuxtapone y converge en una actitud, hipervigilante, temerosa, hostil o hipercrítica. Y es que no siempre se puede poseer a las personas, aunque se tenga la ilusión de estar haciéndolo.


3. Celos y amor 

Los celos se han relacionado con el amor casi siempre como un ingrediente que añade algo de picante a los escarceos de los enamorados y como una prueba de la legitimidad y veracidad del propio proceso de enamoramiento y galanteo.

Un interesante hallazgo de la teoría sistémica es el carácter legitimador de los celos respecto al amor: si alguien es capaz de sentir que los celos son un ingrediente inevitable del amor, está condenado a sufrirlos de por vida, ya que le comunica a la pareja celosa que sus celos operan como expresión amorosa, como demostración de amor.

“Tienes celos porque me amas”. Según la teoría que da como creador de los celos al “amor romántico”, los celosos comienzan su escalada obsesiva con una legitimación que procede, una vez más del ideal de amor romántico. En este ideal anida la creencia de que los celos no sólo son una consecuencia inevitable del amor, sino también una demostración de este.

Pero hay autores que no consideran que esta creencia que liga amor y celos sea un mito. David Buss (profesor de psicología en la Universidad de Texas) en un estudio realizado con estudiantes universitarios estadounidenses señala que un 33% de los encuestados sufre de celos (mostrando síntomas como pérdida de autoestima, abuso verbal, peleas o pánico de ser acosado). Lo más curioso de este estudio, es que el 46 % de los encuestados consideró los celos como una consecuencia inevitable de amor verdadero.


4. Celos positivos 

David Buss señala que los celos, no sólo son normales sino necesarios para fortalecer el compromiso recíproco. Según Buss, unos celos bien manejados pueden enriquecer una relación y añade que la total ausencia de ellos se relaciona con la falta de romanticismo.

En este sentido, el mismo Buss observó en un trabajo con estudiantes de la Universidad de Western (Illinois), como aquellas parejas de jóvenes que mostraban un mayor nivel de celos tenían mayor probabilidad de mantener una relación duradera, es decir aquellas parejas que puntuaron más alto en la escala de celos de David Buss, permanecían juntas 25 años más tarde.

Desde un punto de vista cognitivo-conductual, los datos obtenidos por el profesor Buss que apoyarían la idea de que efectivamente un grado moderado de celos prolonga el éxito de la pareja, se podrían explicar atendiendo a las sensaciones que se producen ante los celos.

Cuando alguien tiene la sospecha de que su pareja puede sentirse atraída por otra persona, ésta acostumbra a experimentar en el clímax del ataque de celos una serie de respuestas similares a la ansiedad (taquicardia, aumento en la frecuencia respiratoria, irritación, nudo en el estómago, etc.) además focaliza su pensamiento en la pareja (¿dónde estará? Últimamente no me hace tanto caso, etc.) e intenta saber de él/ella (llamadas, preguntas a amigas).

Por otra parte, cuando alguien está enamorado las sensaciones que experimenta, aunque los motivos puedan ser diferentes, son muy similares a las enumeradas en los celos; taquicardia, aumento en la frecuencia respiratoria, irritación, nudo en el estómago, focalización de pensamiento en la persona amada (¿Dónde estará? ¿Qué estará haciendo? ¿Le gustaré?) e intentos por saber de él/ella (llamadas, preguntas a amigas).

La paridad de en ambas respuestas fisiológicas, cognitivas y conductuales explicarían cómo las parejas que sienten cierta cantidad de celos son más duraderas, ya que por así decirlo, están más tiempo “enamoradas”. Cuando se agota la sensación de enamoramiento, ésta se mantiene por las sensaciones (cuasi idénticas) provocadas por los celos.

 5. Cuando los celos son un problema 

Reza el “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” (DSM-IV) “Trastorno Delirante tipo celotípico”: La característica esencial de este trastorno es una idea delirante, en este caso el tema central es que la pareja esta siendo infiel. Esta creencia aparece sin ningún motivo y se basa en inferencias erróneas que se apoyan en pequeñas pruebas (ropa desarreglada o manchas en las sábanas), que son guardadas y utilizadas para justificar la idea delirante. El sujeto con esta idea suele discutir con pareja e intenta intervenir en la infidelidad imaginada (por Ejemplo, coartando la libertad de movimientos de la pareja, siguiéndole en secreto, investigando al supuesto amante o agrediendo a la pareja).

Una persona patológicamente celosa cree ser dueña de los sentimientos de su pareja, rompiendo el equilibrio que supone la relación de dos personas iguales. Este tipo de celos suelen acabar por socavar la personalidad y el bienestar de ambos.

Por último, cabría mencionar la posibilidad de padecer celos que sin llegar a ser delirantes, si son lo suficientemente tormentosos para el paciente como para ser incluidos en una categoría nueva. Sin embargo, tanto en psiquiatría como en psicología, las celotipias no delirantes simplemente no existen, a pesar de la evidente realidad de este fenómeno.

6. En resumen... 

A pesar de que efectivamente los celos causan un malestar considerable en muchas personas e interfieren en el funcionamiento de otras tantas parejas, lo cierto es que la investigación científica con relación a los celos es más bien pobre y los resultados derivados de esta, no son en absoluto concluyentes.

La razón fundamental que justifica esta ausencia de investigación está en que la aproximación científica a los celos no puede hacerse con el mismo rigor que a otras emociones humanas. Y es que los celos constituyen más bien un complejo constructo difícilmente mensurable, en el que interactúan diferentes emociones y pensamientos.

Y concluimos con la voluntad de haber ayudado al lector, en la medida de lo posible, a conocer un poco mejor a tan escurridizo enemigo, ¿O amigo?. Usted decide.


 Fuente

jueves, 22 de septiembre de 2011

El error de querer cambiar al otro

Querer corregir ciertos aspectos de la personalidad de nuestra pareja es un error en el que todos alguna vez hemos caído. En la pareja es muy importante que ambos conserven su propia personalidad, pero también es necesario que ninguno intente cambiar al otro. Deben aceptarlo con sus cualidades y sus defectos.

  1. ¿Cambiamos al iniciar una relación?


Al comienzo de una relación todos tendemos a adaptarnos a nuestra pareja, cambiamos algunos aspectos de nuestro carácter y modificamos parte de nuestros comportamientos para hacer más agradable y fácil la relación.
 
Tratar de adaptarse el uno al otro forma parte de la propia relación, ya que no somos iguales ni tenemos exactamente las mismas aficiones, objetivos, inquietudes... Para lograr una buena relación tendremos que ceder y renunciar con frecuencia a los propios deseos.

Normalmente siempre aprendemos algo de las cualidades de nuestra pareja y de su forma de ser y actuar, lo que nos motiva a esforzarnos para hacer las cosas de forma distinta.

Cada persona nos aporta cosas diferentes. De todas podemos aprender y todas pueden inspirarnos a cambiar algo en nosotros para superarnos o mejorar, especialmente aquellas personas por quienes nos sentimos atraídos o enamorados. Poseen mayor influencia sobre nosotros, puesto que las valoramos más y le damos más importancia a todo aquello que hacen o dicen.

Son cambios positivos, que se producen de manera voluntaria y espontánea, ya que es una forma de evolucionar.

El problema surge cuando es la otra persona quien espera de nosotros esos cambios e intenta influir para que éstos se produzcan.

 2. ¿Por qué deseamos cambiar a nuestra pareja?


Hay quienes constantemente desean cambiar cosas de su pareja, critican esto o aquello y siempre sugieren qué debería hacer o cómo debería comportarse. En casos extremos, se trata de personas poco tolerantes y autoritarias que pretenden coartar la libertad del otro porque su conducta no se ajusta a su criterio o personas excesivamente maniáticas, que no pueden controlar sus impulsos de estar constantemente corrigiendo aquello que les molesta.

En muchas ocasiones, este intento se produce porque en la fase del enamoramiento no percibimos los defectos de la pareja o no le damos importancia. El enamoramiento nos produce un efecto transitorio en el que no vemos los defectos ajenos. Es con el paso del tiempo cuando empezamos a observar los defectos, manías y costumbres de nuestra pareja. Tendremos que aceptarlos y asumir que hay cosas que no se pueden cambiar.

Sin embargo, este deseo de querer cambiar algún aspecto de nuestra pareja se produce en casi todas las parejas: formas de vestir, palabras que no deben decir, codazos disimulados y pataditas por debajo de la mesa...

Algunos lo aceptan de buen grado, pero muchos se sienten obligados, porque en caso contrario tendrán que enfrentarse a caras largas y a algún que otro enfado.

Distinto sería tratar de corregir determinados comportamientos que podrían estar perjudicando a nuestra pareja, como por ejemplo hacerle ver que está siendo imprudente o indiscreta, o que su falta de organización está perjudicando a quienes trabajan o conviven con ella. O intentar que tenga las mismas aficiones que nosotros para compartir momentos de ocio juntos, etc. Esta sería una actitud positiva.

Tenemos que tener en cuenta que cuando intentamos cambiar a nuestra pareja y estamos continuamente corrigiéndola o resaltándole sus defectos, podemos dañar su autoestima o hacerle sentir como un auténtico desastre lleno de defectos. Cuando nos comportamos así, puede convertirse en un suplicio para ella y es muy probable que pierda el interés por estar con nosotros.
 
Es muy importante que la aceptemos como es, con sus defectos, manías?no podemos empeñarnos en que deje de hacer tal cosa o haga esta otra porque a nosotros nos guste más ni pretender que sea de una forma determinada ni que se comporte de acuerdo a nuestro criterio.
Si todo lo que hace nuestra pareja nos molesta, probablemente el problema no está en ella sino en uno mismo, tal vez ya no estemos enamorados de ella o nos estamos cansando de esa relación.

3. Ser tolerantes con sus defectos


Al principio una relación vemos los defectillos o manías como algo gracioso y peculiar de nuestra pareja, pero con el paso del tiempo nos ponen de los nervios y no podemos aguantarlos, aquello que antes nos parecía gracioso ahora nos resulta insoportable.
 
Con el tiempo nos volvemos más intolerantes con los defectos de nuestra pareja y deseamos que los corrija. Si algo nos molesta mucho debemos decírselo pero con tacto y respeto. No podemos obsesionarnos con sus comportamientos. Estar constantemente corrigiéndole nos convertiría en una persona insoportable.

Aunque se trate de auténticos defectos que sería aconsejable corregir, nadie puede exigirle que los modifique, sería mejor sugerirlo o ayudarle con paciencia a corregirlos siempre y cuando, así lo desee ella. Nadie puede forzar a otro a cambiar.

Cuando insistimos en exceso o lo intentamos de malas formas, podemos hacer que se sienta atacada y obligada a comportarse según nuestro modo de verlo, sin que ella lo comparta o simplemente lo desee. No podemos estar continuamente resaltando los defectos de los demás.
 
Debemos ser conscientes de las limitaciones y posibilidades de nuestra pareja, aceptar aquellos defectos que no puede superar y no esperar por encima de sus posibilidades. Tenemos que renunciar a la idea de modificar aquello que no nos gusta de ella, porque no depende de nosotros, no somos quien para juzgar sus actitudes o comportamientos.

Es importante darnos cuenta de que nosotros también tenemos defectos o manías que pueden molestar al otro y que, probablemente, nos esté aguantando sin decir nada.

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