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lunes, 19 de diciembre de 2011

Responsabilidad compartida

Los niños, normalmente, son criados por más de una persona. Por lo general, por ambos padres. Pero, en el caso de una familia “uniparental”, el padre o la madre que crían solos a sus hijos,  suelen contar con ayuda de otras personas.

Lo importante, cuando se cría un niño desde el nacimiento, es promover su salud emociona, su bienestar psicológico y proporcionarle un ámbito enriquecedor dónde pueda desarrollar una sana autoestima y todo su potencial humano, pleanamente.

En algunos hogares y en algunas situaciones, los niños no reciben la protección y la contención mínima que necesitan para desarrollarse saludablemente, e incluso hay casos en los que son expuestos a abusos de distintos tipos: una disciplina rígida que puede incluir abuso físico (golpes), manipulaciones psicológicas (abuso emocional) que pueden ser sutiles o explícitas, y otros tipos de conducta -por parte de los adultos a cargo del niño- que pueden ser atemorizantes y atormentar al niño causándole un daño psicológico o emocional importante.

Hay personas que amenzan a los niños, los critican constantemente, les exigen determinadas aptitudes (que los padres carecen) o los manipulan de maneras muy sutiles. En este último caso, el daño no se suele detectar sino hasta después de la adolescencia, durante la vida adulta.

Cuando un niño vive en un ambiente donde prima la hipodresía, la mentira y la falta de empatía y altruismo, lo más probable es que desarrolle una personalidad egocéntrica que le imposibilite formar una pareja o una familia, o cualquier vínculo afectivo que implique compromiso y la aptitud de compartir con su pareja y valorar al otro.

Cuando decimos que esta responsabilidad de criar niños saludables es una responsabilidad compartida, nos referimos específicamente a que si un padre o cualquier adulto que ayude a criar a un niño, comente abusos de cualquier tipo, el otro padre o cualquier otro adulto que participe de la crianza de ese niño, tiene la responsabilidad de poner un límite ante ese tipo de abuso, con el fin de preservar la salud emocional del niño.

Si un padre malcría a su hijo y el otro padre no hace nada al respecto, está causando el mismo daño. Si un padre golpea o encierra a un niño y el otro no hace nada, es cómplice de ese abuso.

La responsabilidad de criar saludablemente a los niños es compartida por ambos padres y por cualquier otra persona que ayude a criar a los niños. Cualquier abuso, ya sea físico o emocional, no debe ser tolerado. El padre o la persona que es testigo de un abuso y no hace nada para impedirlo, le causa al niño tanto daño como el que le causa el abusador.

Negar una situación de abuso, es negar la posibilidad de corregir a tiempo un problema que, en el futuro, no le permitirá a ese niño vivir una vida feliz, plena, compartiendo y valorando las cosas verdaderamente importantes de la vida.

Recuerde: la responsabilidad de la salud emocional de los niños es una responsabilidad compartida.

Fuente

miércoles, 26 de octubre de 2011

Los niños y el divorcio.

Cuando los padres evitan un divorcio conflictivo y destructivo, evitan o disminuyen una gran parte del sufrimiento y daño en los hijos.

El divorcio es una situación difícil y muy dolorosa para la pareja.
Pero es mucho peor para los hijos.

Cuando los adultos se divorcian, pierden una relación, sus sueños, su identidad como familia y pareja, sus amigos, etc.
Su vida económica, trabajo y actividades diarias se ven afectadas.

 

Sufren y generalmente se sienten atrapados en un caos emocional.

A los hijos les pasa lo mismo.

Pierden la cercanía física o emocional con uno o ambos padres, su identidad como familia, su estabilidad, su seguridad emocional, etc.
También se afecta su vida diaria, sus rutinas y su vida emocional está fuera de su control.

Sufren los padres y sufren los hijos.

Pero hay una gran diferencia.
Los padres tienen más herramientas con que luchar, para superar esta situación.
Los niños están mucho más limitados.

Estas palabras no buscan provocar culpa.
La culpa es una emoción que desgasta e impide actuar adecuadamente.
El entender lo que sucede con los niños, nos permite ayudarlos.

Si tú pediste el divorcio, tienes todo el derecho de buscar una vida mejor.
Si tú no lo querías, pero lo estás viviendo, no tuviste la opción de decidir en ese momento.
Pero puedes decidirte a luchar por tu bienestar emocional y el de tus hijos.
Por buscar una vida mejor.


La vida sigue y mereces ser feliz.
En tus manos está, trabajar por esa felicidad.
También en tus manos está, trabajar por el bienestar de tus hijos

¿Qué tanto afecta el divorcio a los niños? 


El divorcio siempre afecta a los niños, pero las consecuencias negativas pueden ser:
  • Temporales y pasajeras o
  • permanentes.
El daño del divorcio, depende más de los padres y de algunos otros elementos, que de la ruptura en sí.

Algunos de los factores que influyen son:
  • La estabilidad emocional del niño, durante el matrimonio de los padres.
  • Las características del niño.
  • Las características de cada uno de los padres.
  • El tipo de relación que mantiene el niño con el padre con el que vive.
  • El tiempo y el tipo de relación que comparten el niño y el padre con el que no vive.
  • El que sus necesidades físicas, psicológicas y emocionales, sean satisfechas.
  • La relación de los padres, durante y después del divorcio.
  • La cantidad e importancia de los cambios que vive el niño a partir del divorcio (cambio de casa o escuela, menos tiempo con personas importantes en su vida, cambio de actividades, etc.).
  • El surgimiento de problemas económicos.
  • El apoyo emocional de otras personas o familiares.
El hecho de que los niños se acostumbren a la nueva vida y aparentemente regresen a la "normalidad", no siempre significa que el divorcio no va a tener repercusiones a largo plazo.

Sobre todo en cuanto a:
  • Su manera de relacionarse con el sexo opuesto,
  • la forma de resolver sus conflictos,
  • de manejar sus emociones y,
  • la fuerza o debilidad de su autoestima.

Es importante estar conscientes de esto aspectos.
No para evitar el divorcio cuando éste es importante o necesario para uno o ambos miembros de la pareja.
Tampoco para crear sentimientos de culpa.

Simplemente para hacer un esfuerzo y darle al niño el ejemplo, la atención, tiempo y cariño, que necesita para superarlo adecuadamente.

Satisfacer las necesidades físicas y emocionales del niño, en esta situación, significa una carga extra para los padres, que necesitan hacer un mayor esfuerzo.
Sobre todo, en un momento en el que están sufriendo y en el que tienen menos energía y fuerza.

Pero es indispensable para el bienestar de los hijos. 


El conocer los sentimientos del niño ante el divorcio de sus padres y entender las distintas emociones por las que atraviesan, te permite ayudarlos.

Obtén información sobre el manejo de la disciplina, el niño deprimido y el agresivo, para resolver tus dudas o algunos de los problemas que se te presenten.

Tu bienestar es indispensable para poder ayudar hijos.

Lee algunos consejos para superar el divorcio y evitar mayores problemas.

Quizás no puedas eliminar, en estos momentos, todo tu sufrimiento y problemas, pero puedes disminuirlos.
Maneja tu coraje, culpa, estrés y el sentimiento de fracaso.

Al entender las etapas emocionales por las que tú puedes atravesar, te será más fácil identificar los sentimientos de tus hijos.

Seguramente estás agobiada de problemas, responsabilidades y actividades, pero tus hijos necesitan tiempo.
Establece tus prioridades para poder manejar tu tiempo y estar menos presionado.

Cuídate, aliméntate bien y si tienes problemas para dormir, sigue algunos de estos consejos.
 

  

lunes, 26 de septiembre de 2011

La difícil tarea de ejercer la autoridad con nuestros hijos

Los adultos se debaten entre mostrarse firmes ante los hijos o permitirles hasta el más mínimo capricho, solo por el temor a que no los quieran más. Lo primero que hay que tener bien en claro, es que enseñar a obedecer se aprende solo cuando quien manda u ordena, lo hace de manera equilibrada y coherente.

Es muy importante crear el acto de la obediencia en los niños desde muy pequeños, y este hábito esté acompañado por el deseo de lograr hijos independientes y responsables, tanto en la niñez como en su adultez.


Porque debemos ejercer autoridad sobre nuestros hijos?

Lo más cómodo suele ser dejar hacer lo que el niño quiera, no marcar límites, sobreproteger, en pocas palabras “malcriar”, lo que desencadenará seguramente en un niño desobediente y en un futuro adulto poco respetuoso e incapaz de cumplir con simples normas de convivencia.

Contrariamente a esta situación, nos podemos encontrar con padres autoritarios, que actúan con fuerza, amparándose en ser los mayores, y que solo lograrán que sus niños sean de carácter inseguro a temprana edad y se rebelen cuando comiencen la adolescencia.

Lo esencial en el arte de mandar es el crédito de lo que decimos. Este crédito no se compra ni se puede pedir prestado por un tiempo, sino que se adquiere y crece cada vez que estamos frente a los hijos, cuando existe coherencia entre lo que piensan y dicen y entre los que hacen y ordenan. Es decir, obrar con el ejemplo.


Como lograr autoridad sobre nuestros hijos, ayudándolos a crecer

Si deseamos lograr entonces, obediencia y niños seguros, confiados y responsables, hay ciertas actitudes que debemos evitar o ciertas cosas que no debemos decir:

  • Tratar de no estar todo el tiempo dando órdenes a los niños; vestite, bañate, anda a comprar, levanta eso...
  • Ubicarnos en la mente de los niños, si queremos que hagan algo, no nos vayamos por las ramas para solicitarlo, debemos ser claros y concisos. Ordenes confusas seguramente terminarán sin ser realizadas o llevadas a cabo sin lograr el resultado deseado.
  • Darle argumentos concretos, el tan conocido “porque yo lo digo” o “porque yo quiero que lo hagas” son frases que podemos hacer que se cumplan sin protestar solo en niños, a medida que vayan creciendo, solo lograremos que se rebelen ante esa razón. Lo mejor es explicar porque se debe hacer tal o cual cosa, aunque no les agrade, al menos ya conocen el fin de la misma.
  • No pidamos a los niños pequeños que realicen tareas que son imposibles para ellos, porque en ese caso solo lograremos dañar su autoestima y que se sientan incapaces o inútiles. Y si las primeras veces no logramos que realicen la tarea tal como deseamos, no hay que recriminárselo, sino felicitarlos y decirles: “muy bien, considerando que es la primera vez…seguramente con el tiempo podrás realizarla mejor, muchas gracias por ayudarme”.
  • No negociar “si haces eso, te llevaré de paseo", o  "si lo terminas pronto, te reglaré un caramelo”. De esta manera estamos logrando buenos comerciantes y no futuros adultos responsables.
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