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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Pareja: criterios de selección

A las personas románticas les gusta creer que las relaciones amorosas surgen por arte de encantamiento, por predestinación o, más frecuentemente, porque ha habido un «flechazo». La realidad, aunque pueda parecer fría y nada romántica, es que todos seleccionamos nuestra pareja en función de una serie de criterios y que este proceso de selección tiene lugar a nivel más o menos subconsciente y se realiza generalmente de forma instantánea. Por ello no nos damos cuenta.

De todas maneras, estas dos teorías no son incompatibles. Se trata de entender que todos poseemos una lista particular de criterios que apreciamos en los demás, y que cuando hallamos alguien que cumple muchos de ellos o todos se nos despierta un sentimiento que denominamos amor.
Esta lista de atributos que intervienen en la selección de pareja, y la importancia relativa atribuida a cada uno, varía de una persona a otra.

Mientras hay quien considera imprescindible que su pareja sea muy inteligente, otro concede suma importancia a que sea bien parecida y no le importa la inteligencia. Además, la valoración difiere según la finalidad con la que se busca pareja: relaciones sexuales sin más, amistad, compañía o formación de una pareja estable. A pesar de esta complejidad, es posible estudiar algunos de los principales factores que intervienen en la formación de las parejas.

¿Qué cualidades deseamos?

Numerosos estudios sobre la formación de la primera impresión al conocer a una posible pareja han revelado que cuanto mayor era el atractivo físico (valorado por un tercero) de un muchacho o muchacha, más apreciado era éste o ésta por su pareja. Tanto en los varones como en las mujeres, atributos como la personalidad o la inteligencia no parecían tener peso. De hecho, es probable que éstas y otras cualidades no sean valoradas hasta que no se ha superado la primera fase de atractivo físico.

El mito machista

Otro factor a tener en cuenta radica en el hecho de que los hombres tienen más posibilidades de compensar la falta de atractivo físico con otras cualidades, como la inteligencia o la categoría social.
Estas cualidades del hombre apreciadas por las mujeres han sido estudiadas mediante la prueba del laberinto: ochenta parejas de estudiantes tenían que recorrer un laberinto, siendo el varón quien debía conducir a su pareja por medio de indicaciones verbales o gestos, hasta encontrar la salida. Al final se pidió a las chicas que calificaran a sus compañeros.

Las mujeres mostraron preferencia por los hombres dominantes, siempre y cuando se hubieran mostrado competentes. Los hombres que se mostraron dominantes, pero fueron incapaces de encontrar la salida, recibieron la puntuación más baja.
De nada le sirve, pues, al hombre adoptar actitudes de macho dominante si éstas no van seguidas de una demostración de que verdaderamente posee aquellas cualidades de las que presume.

Dios los cría y ellos se juntan

Los cometidos tradicionalmente asignados al hombre y a la mujer sugieren una idea de complementariedad: el hombre, fuerte, agresivo, que protege a toda la familia; y la mujer, necesitada de protección, que a su vez aporta a la pareja la dosis de dulzura y afectividad que el hombre no posee. En este estereotipo, dejando al margen el rechazo que pueda merecer en sectores de opinión cada vez más amplios, queda patente la idea de que la pareja debe ser complementaria, esto es, cada miembro debe poseer unas actitudes diferentes del otro miembro para que, entre los dos, queden cubiertos todos los requerimientos que una pareja precisa.

Sin embargo, las investigaciones realizadas sugieren más bien lo contrario. Existen indicios de que preferimos personas con actitudes parecidas a las nuestras y no complementarias. En un estudio se emparejó a un grupo de alumnos con una persona desconocida para ellos. A la mitad se les asignó una pareja con personalidad y actitudes parecidas, y a la otra mitad, una pareja completamente distinta a ellos. Se efectuó, asimismo, una valoración del atractivo físico de los participantes. Las respuestas de los estudiantes revelaron que preferían a las personas más atractivas y con una personalidad y actitudes parecidas. También se observó que las parejas más compatibles tendían a sentarse juntas. Es probable por tanto que, dado que las actitudes de uno mismo suelen considerarse óptimas, tendemos a preferir personas que muestren estas mismas actitudes.

Pero, aunque en conjunto existen más indicios favorables a la similitud de personalidades que a la complementariedad como factor determinante del emparejamiento, los datos no son del todo concluyentes.

Fuente

jueves, 27 de octubre de 2011

Parejas que no pueden tener hijos

No poder tener hijos provoca sentimientos de tristeza, frustración y culpa, pudiendo incluso producir una crisis en la pareja. La forma de reaccionar de cada persona depende de diferentes factores.

 


1. Cuando no se consigue el embarazo
 
Decimos que una pareja tiene problemas de fertilidad cuando, pasados dos años de relaciones sexuales sin contracepción, no consiguen el embarazo. Es entonces cuando la pareja debe acudir al médico para que determine las causas por las que no se produce el embarazo. Estas causas, en ocasiones, se pueden solucionar con un tratamiento médico o con una intervención quirúrgica, pero en otros casos se debe a un problema crónico sin solución.

En el caso de que el problema pueda tener solución y se haya optado por seguir un tratamiento de fertilidad, es frecuente que desde el comienzo de éste aparezcan síntomas de ansiedad debido al temor a no lograr el embarazo y a que las parejas pierdan interés por las relaciones sexuales. Éstas quedan programadas para los días más fértiles buscando un objetivo, por lo que dejan de ser espontáneas.

También es frecuente que surja una obsesión con la menstruación como comprobante del tratamiento. Todo esto afecta a la pareja, aumentando la ansiedad y la angustia conforme avanza el tratamiento.

En otros casos, la pareja se encuentra ante la noticia de que no pueden tener hijos y, a pesar de llevar tiempo intentándolo, generalmente reaccionan con incredulidad y sorpresa. Pasan de la ansiedad por lograr el embarazo a un sentimiento de tristeza y frustración, que hace que en algunos casos las parejas entren en crisis. A partir de esta noticia tendrán que planear su futuro de manera diferente.

2. De qué manera afecta a la pareja
 
Casi todas las parejas estables, tarde o temprano, organizan su vida con la idea de tener hijos y dan por supuesto que así será. Cuando llevan tiempo intentándolo y no lo consiguen crece la ansiedad, pero el desconcierto y el dolor llega cuando las pruebas médicas confirman las sospechas.

A partir de ese momento el sufrimiento, la frustración, la culpa y el fracaso es común en todas las parejas. El impacto emocional que esto causa afecta tanto a la persona como a la pareja y, aunque lo deseable es que se mantengan unidos ante esta noticia, con frecuencia lo que ocurre es que pierden el equilibrio como pareja.

Ahora su proyecto de familia y sus planes futuros no van a ser como esperaban y tendrán que reorganizar su futuro adaptándose a la nueva situación. Aceptarlo y asumirlo cuanto antes es la mejor solución para evitar más sufrimiento.

La relación con las demás parejas también se ve afectada, el hecho de no poder tener hijos les hace sentirse diferentes a los demás y para ellos todo lo que esté relacionado con niños, como son los bautizos, cumpleaños o comuniones son situaciones que prefieren evitar. Sus circunstancias son diferentes y no se comparten las mismas experiencias, tener que adaptarse y relacionarse con parejas que tienen hijos no es fácil para ellos.

3. Formas diferentes de reaccionar
 
La forma de reaccionar de cada persona ante la imposibilidad de tener hijos suele variar según la personalidad de cada uno, el ambiente social, familiar y cultural, la edad, el sexo etc. Sin embargo, hay una serie de características comunes que diferencian la forma de reaccionar de los hombres y las mujeres.

Por lo general, los hombres tienden a no hablar sobre el tema, prefieren evitar las conversaciones acerca de su esterilidad, incluso tratan de evitarlas con su propia pareja, produciéndose de esta forma un distanciamiento y una falta de comunicación entre ellos. Para algunos hombres es muy complicado aceptar su esterilidad ante familiares y amigos, ya que estos siguen pensando que su virilidad puede ser cuestionada.

Sin embargo, en las mujeres no existe este sentimiento de vergüenza, pero generalmente en ellas el sufrimiento es mayor, ya que el concepto de mujer y maternidad han estado tradicionalmente unidos y, aunque esto empieza a cambiar, la maternidad siempre ha sido un objetivo de la mujer y, en cierto modo, puede considerar que su vida está incompleta sin hijos.

4. Estrés y retraso de la maternidad
 
El estrés en sí mismo no es una causa de infertilidad pero sí es un factor psicológico muy importante a tener en cuenta. Aunque no está demostrado que influya en la posibilidad de que se produzca o no el embarazo, se sabe que muchas mujeres que no consiguen quedar embarazadas, cuando se olvidan durante un tiempo de esta obsesión o cuando sus circunstancias laborales o familiares cambian y son menos estresantes, logran el embarazo.

La edad de la mujer es el principal factor de infertilidad en la pareja, conforme pasan los años las mujeres van siendo menos fértiles. En la actualidad es frecuente que las mujeres se planteen la maternidad a una edad avanzada como consecuencia de la incorporación al mundo laboral. La retrasan hasta alcanzar una estabilidad o unos objetivos profesionales, razón por la que muchas de ellas cuando deciden buscar el embarazo, tienen dificultades para lograrlo.