viernes, 24 de agosto de 2012

Sarcasmo, el insulto sutil que destruye más que el divorcio

El sarcasmo, que en general toma la forma de chiste o comentarios mordaces dichos como broma, suele ser una forma de violencia no considerada como tal. 
 
El sarcasmo es ingenio que hace reír, pero que necesariamente hiere. En muchos sentidos, es burla malintencionada que se disfraza mediante la ironía. Sin embargo maltrata. Es una forma de crítica, creativa, pero no menos dañina que la ofensa o el insulto directo.

La palabra proviene de la expresión griega compuesta por "sark-asmo", cuya traducción más o menos literal sería "morder carne". Una forma sutil de decir que está pensando para herir.

El Diccionario de la Real Academia Española lo define como: "Burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo". El Diccionario Manual de la Lengua lo define como: "Dicho irónico y cruel con que indirectamente se molesta o insulta a una persona". Por lo tanto, el elemento básico del comentario sarcástico es la mordacidad, la crueldad, la ofensa y el maltrato. En ese sentido, es premeditado.

Sarcasmo e inteligencia

La burla sarcástica sólo se dirige a personas inteligentes que pueden captar la ironía de lo que se dice y de esa forma acusar el golpe. Quien se mofa de un animal o de un objeto raya en la locura, para que la burla surta su efecto se necesita inteligencia.

Renato Descartes (1596-1650), el filósofo de la razón, definía la burla como una "especie de alegría mezclada con odio que nace cuando descubrimos algún pequeño mal en una persona a la que consideramos merecedora de él. Se siente odio por ese mal y alegría de verlo en quien es digno de él".

Es la gran paradoja del sarcasmo, que nace precisamente en la capacidad de observación y en el análisis.

En la misma línea de pensamiento Alfonso Fernández señala que la burla está relacionada con el desprecio que es una acción que "conlleva, inexorablemente, alguna acción (como la propia burla) mediante la cual se busca el desprestigio y, si fuese posible, hasta la destrucción de la fama o el buen nombre de aquél a quien se desprecia". Por lo tanto, existe premeditación y alevosía en su uso malintencionado.

Emmanuel Kant (1724-1804), con la lucidez que lo caracteriza, señala que "a través de la burla se degrada más al hombre que con la maledicencia, ya que se le convierte en un objeto de hilaridad ante los demás, haciéndole perder todo tipo de valor y dejándole a merced del menosprecio". En otras palabras, se utiliza la burla porque se pretende negar el valor de alguien y lograr que del desprecio se pase al menosprecio, que es finalmente un acto de indiferencia, el máximo desprecio.

Tomar en serio la burla

Fernández acota un elemento que a menudo se pasa por alto, y es que "las burlas suelen ser muy serias; y esto es válido aún para aquéllas que buscan la diversión a costa de los defectos del prójimo, ya que o bien son castigo apropiado del que éste es merecedor, o bien ponen de relieve la pura maldad y crueldad del burlador".

El burlador suele tener el poder, aunque sea momentáneo, para hacer la chanza que realiza, puesto que sabe que con aquella forma de expresión logrará su cometido de daño, desprestigio, sufrimiento o desprecio.

No es cosa de poca monta señalar que si una persona es objeto de constantes burlas y sarcasmos, puede caer en situaciones de estrés emocional, conflictos de personalidad, dolor emocional y llegar a ser destruido, tal como se observa en los estudios de Bullying y Mobbing.

La pareja y el sarcasmo

En la relación de pareja, el sarcasmo adquiere un valor especial, puesto que dos personas que viven juntas, que comparten toda su vida, incluyendo experiencias sexuales, llegan a tal grado de intimidad y conocimiento mutuo, que dicha información se convierte precisamente en el elemento más complejo de su relación, puesto que puede ser utilizada como arma de maltrato o agresión.

La burla de un extraño no tiene el mismo efecto que cuando el que emite el sarcasmo es alguien que ha prometido amarnos y respetarnos.

El sarcasmo, en las parejas, es evidencia de un deterioro notable en su relación, al grado que se comienza a utilizar esta forma de comunicación que finalmente provoca el mismo efecto que la violencia física o el insulto abierto.

La ironía sarcástica provoca más daño que la burla abierta puesto que revela intencionalidad maliciosa, lo que deja en evidencia la mala actitud que la persona que profiere la ironía tiene contra su pareja.

Violencia doméstica y sarcasmo

La violencia, en cualquiera de sus formas: física, psicológica, sexual, económica, etc., es siempre evidencia de estar ante la presencia de una persona que bajo el manto de la violencia esconde una mala imagen de sí misma, baja autoestima e incluso abierto rechazo hacia sí mismo.

Por eso que en las parejas, el que usa el sarcasmo como medio de agresión, actúa constantemente a la defensiva, puesto que de alguna manera no desea el mismo trato. Como dijera el escritor, aristócrata y militar francés Francisco VI, duque de La Rochefoucauld (1613–1680): "Sólo las personas despreciables temen ser despreciadas".

En la violencia doméstica siempre se da un juego perverso de poder y dominación, en el que el que puede lograr que el otro se doblegue mediante la agresión directa o sutil, alcanza su objetivo y compensa de esa forma sus propias deficiencias. Por esa razón, el sarcasmo se convierte a la postre en una herramienta útil al servicio de la violencia cuyos efectos son siempre dañinos y devastadores para el equilibrio emocional y físico de las personas objeto de la burla maliciosa. Como diría Aristóteles (384-322 a.C.): "Lo que causa placer a quienes cometen ultrajes es que piensan que el portarse mal les hace superiores".



jueves, 23 de agosto de 2012

Hombre Moderno

¿El hombre moderno quién es? Es un adolescente eterno que no se anima a crecer.


La decadencia de occidente se manifiesta en el comportamiento del hombre moderno.

Vive el presente, soluciona coyunturas, no proyecta a largo plazo, se endeuda para ir a esquiar, posterga indefinidamente una familia propia, está atento al cuerpo, disimula las canas, las arrugas, la panza; pero sabe cocinar, porque si, porque queda bien, pero no para él que compra comida hecha, sino para los amigos.

Vive en un PH o en un departamento con pileta y sum. Decora su casa con estilo minimalista pero no le falta nada; y los domingos de diez a doce toma sol en el dek y se tapa la cara con el gorrito para no saludar a los vecinos.

No tiene un amigo sino muchos, sin compromiso, porque él tiene que hacer y son obstáculos para sus rituales hedonistas; y además porque le gusta estar solo.

Tiene título universitario pero es muy teórico, apenas le sirve para colgarlo en la pared y además para qué si en la oficina trabaja de nueve a cinco llenando formularios.

En su tiempo libre se distrae superficialmente, haciendo zapping, porque tampoco se quiere comprometer eligiendo programa.

Está convencido que el futuro es incierto por eso todo tiene que ser hoy, y de su pasado no queda nada porque a los padres los visita sólo para Navidad y a los hermanos no los soporta, es que no quiere ataduras ni vínculos, quiere ser libre, para él.

Le gusta estar informado para tener un fundamento para quejarse y no cree en nada, sólo en el cuerpo y sus sensaciones.

Puede haber tenido rupturas conyugales que le sirvieron para ser pesimista y justificar su manera de pensar.
La indiferencia le ayuda a no tener convicciones firmes sino circunstanciales porque todo es relativo y nada vale la pena.

Sin embargo puede tener proyectos a corto plazo, como por ejemplo superar a otro como él que tiene el auto más grande, y el sueldo más alto.

En un mundo donde todo está permitido el hombre moderno puede patear el tablero y caminar sin objetivos ni luchar por ningún ideal.

Su vida edulcorada, vacía, sin rumbo ni metas dignas para alcanzar, mirando siempre su propio ombligo, sin creer en nada, lo lleva a la depresión y a visitar a un psiquiatra para que le recete algo que lo ayude a salir de los ataques de pánico que sufre cada vez más seguido; porque lo que no se puede permitir es perder el control.

Entonces es cuando piensa que se siente así porque ya hace quince días que no tiene sexo y entonces llama a fulanita o menganita para descargar las baterías, para después darse cuenta que curiosamente no funciona.
Por eso tiene que ver una película porno y ensayar posiciones exóticas para sentir algo, porque está siempre anestesiado.

Le gusta divertirse, matar el tiempo, entretenerse, nada de hacerse problemas con películas dramáticas o de protesta, para ver cómo sufren los demás, porque a él sólo le interesa él mismo.
Se divierte pero no disfruta, se evade, huye de si mismo angustiado porque sabe que todo en algún momento termina y surgirá la temible pregunta: y después que?

Después toma la pastilla y se sienta a ver su televisor plasma, de grandes proporciones, ese que todos le envidian.

La televisión lo mantiene informado siempre superficialmente, cosas sueltas que no puede relacionar porque hace zapping porque se cansa, se pone nervioso, le da jaqueca.

Entonces se aburre, se angustia y busca desesperadamente el último best seller que compró hoy, aunque es inútil porque no logra concentrarse.

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miércoles, 22 de agosto de 2012

Mujer Moderna

La mujer actual quiere ser un hombre pero también pretende ser una mujer; y esa dualidad es el mayor problema que agrava aún más la confusión de roles.

En estos momentos las mujeres no se conforman con aceptar lo que les corresponde, o sea los mismos derechos del hombre, después de siglos de sometimiento lo quieren todo.

En la post modernidad el rol de la mujer maravilla, madre, esposa, profesional, miembro del consejo de administración del consorcio, maestra particular de los hijos, administradora, ama de llaves y cocinera, se ha desdibujado gracias al desgaste sufrido durante muchos años de ejercicio, sin ningún reconocimiento ni retribución.

Las mujeres de hoy no quieren ser como sus madres, que hacían del hogar un apostolado permitiendo que sus maridos creyeran que eran ellos los que tomaban las decisiones y aceptando un papel secundario postergando indefinidamente sus propias ambiciones.

Hoy en día, posponen el matrimonio para más adelante, hasta casi perder la posibilidad natural de ser madres y aunque tengan después que someterse a tratamientos difíciles para quedar embarazadas. Quieren hacer carreras en sus empleos a la par del hombre, disfrutan de libertad sexual, gracias a los métodos modernos de control de la natalidad; de independencia económica, poder de decisión, etc.; y cada día hay más mujeres que prefieren no casarse ni tener una familia, dedicándose enteramente a sus profesiones.

Las mujeres históricamente han sufrido muchos siglos de sometimiento, de abusos, de salir siempre perdiendo en el reparto, y la experiencia demuestra que cuando los hechos se revierten las consecuencias pueden ser extremas.

La mujer de hoy se comporta agresivamente y pretende tomar la iniciativa en lo que se refiere a una relación de pareja. Desarrolla sus bíceps, adquiere masa muscular y luego quiere seducir a un hombre; pero se da cuenta que ya no hay más hombres como los de antes, sino que ellos también han cambiado, aunque, si hubiera aún alguno, no serían precisamente esas mujeres sus ideales.

No es improbable que sea por eso que los hombres son ahora diferentes y en el momento de elegir pareja muchos prefieran a otro hombre. Se sienten más cómodos, no son demandantes, tienen mayor afinidad, comparten intereses comunes, les resulta más fácil el acercamiento y no quedan embarazados. Y si es que todavía queda alguno que le interese una mujer no está dispuesto a asumir compromisos.

Con todo, la modernidad no ha podido desplazar la añoranza de la mayoría de las mujeres de tener su propio hogar. En el inconsciente colectivo de cada mujer todavía existe esa aspiración que no concuerda con los comportamientos que demuestra ni con el estilo de vida que quiere mantener.

En el hogar no todas son rosas pero tampoco lo son en el loft de una solitaria mujer independiente que cree haber conseguido una mejor calidad de vida.

Debajo de esa fachada de autosuficiencia se oculta una persona temerosa, que quiere tener todo bajo control para sacar el mejor provecho de la vida, ser valorada, obtener reconocimiento, demostrar sus aptitudes, su inteligencia y su capacidad de perfección, pero que se equivoca al pensar que con eso ha conseguido todo.

Avanza por la vida orgullosa del éxito que ha ganado después de una difícil competencia y hasta de haber renunciado a su destino femenino, con la inconfesable e íntima satisfacción, de haber superado a un hombre.

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martes, 21 de agosto de 2012

Terapia del Perdón

Todos hemos sido agredidos alguna vez de alguna forma, a veces conscientemente y otras, las menos, inconscientemente.

Las primeras heridas del alma las recibimos desde nuestro nacimiento. Nacer requiere esfuerzos y sufrimiento; y el camino de la niñez está poblado de contrariedades y dolor, pero también, en la mayoría de los casos afortunadamente, de alegría y momentos felices.

Sin embargo, acostumbramos a guardar muy ocultos dentro de nosotros mismos, los agravios. Son las manchas del alma que también contaminan el cuerpo.

El odio es la emoción que más nos destruye por dentro y por fuera. El orgullo es un pariente cercano y la soberbia es el peor de los males.

Los soberbios son los que ocupan un lugar profundo del Infierno, como dice Dante en la Divina Comedia, porque fueron orgullosos y no perdonaron nunca a nadie.

Perdonar las afrentas que nos causaron, tiene gran poder curativo y perdonarse a uno mismo, que es mucho más difícil, permite liberarse del pasado y del temor a la muerte.

Es como una paradoja, porque si no perdonamos, aunque hayamos sido los supuestamente agredidos, también nos sentimos culpables.

La herida es infligida por nosotros mismo que somos los que evaluamos las circunstancias. El suceso en sí mismo objetivamente puede ser considerado insignificante pero la magnitud del daño lo agregamos cada uno de nosotros.

No es la experiencia sino la forma de vivir la experiencia la que nos ha ofendido.

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lunes, 20 de agosto de 2012

Mujeres Solas

En el mundo hay muchas mujeres que se quedan solas y que no viven la soledad como un castigo, porque en lugar de quejarse y mantenerse aferrada a lo conocido, sin abrirse a lo nuevo que aportan los cambios; han descubierto el lado positivo de su situación y han logrado una buena calidad de vida.

Solteras, separadas, divorciadas o viudas, la soledad puede ser una situación elegida y bienvenida o puede irrumpir de golpe después de una crisis de pareja, o de la ausencia de los hijos ya mayores, o debido al fallecimiento inesperado o no del cónyuge.

Es entonces cuando la soledad, que no se conocía, representa un gran cambio y se convierte en la oportunidad de un nuevo desafío.

Una mujer que tiene que por distintas circunstancias tiene que enfrentar sola la vida, se tiene a si misma y se puede convertir en su mejor amiga.

La situación de soledad provoca la pérdida del status social de mujer acompañada. Si estuvo en pareja, es probable que pierda las amistades que tenían en común, tal vez antiguas relaciones de a dos que se complementaban adecuadamente y con los que compartían salidas o momentos juntos.

Esa rutina de muchos años cuesta abandonarla por algo nuevo cuando se pierden también las ganas de empender la tarea de ser aceptada en otros grupos.

Hay que empezar de cero a organizar la vida de otra forma distinta, abrirse a nuevas experiencias y conocer otra gente, más compatible, porque cuantas más personas se conozcan más oportunidades habrá de formar un nuevo círculo.

Después de un divorcio o de una pérdida irreparable, no es recomendable iniciar una nueva relación de pareja enseguida para huir de la soledad como hace la mayoría, porque es indispensable antes elaborar el duelo, tanto por el que se ha ido porque la abandonó como por el que ha fallecido.

Un duelo puede requerir un año para integrarlo a la identidad y aceptarlo y hasta dos años en algunos casos.
A veces pasan más años antes de poder pensar en tener otra pareja, pero finalmente toda persona normal lo puede lograr si lo desea.

La soledad es a menudo buena compañía, porque impulsa a la gente a crecer y desarrollarse, sin las trabas y obligaciones que hayan obligado a postergarlo.

No importa la edad que se tenga, todos tienen proyectos que alguna vez, por circunstancias que también fueron importantes, no cumplieron. Este es el momento de realizarlos, porque las ganas de vivir vuelven cuando hay un para qué hacerlo.

Se puede empezar con proyectos pequeños, porque su cumplimiento motivará a la persona a atreverse a soñar con otros que le exijan un mayor compromiso y que le harán perder la noción del tiempo.
Esos proyectos deben tener un significado que satisfaga sus propias necesidades personales contenidas a veces durante mucho tiempo.

La soledad es la oportunidad que todos pueden tener, de concentrarse en sus auténticos intereses, porque siempre se está a tiempo y nunca es tarde y además jamás hay que decirse a uno mismo, no puedo.
Las mujeres solas forman un ejército disciplinado que siempre está dispuesto a emprender alguna aventura, empezar cosas y hacer algo nuevo.

Son las que en mayor proporción mueven el mercado de viajes, las que se reúnen a cenar afuera o a jugar a las cartas, las que van al cine o al teatro y las que asisten a los museos y a las conferencias; y que son capaces de aprender a bailar, ir al gimnasio, hacer yoga y pilates, aunque ya se hayan jubilado hace rato.

Generan recursos aunque ya hayan cumplido los ochenta, porque son inquietas y quieren participar en cualquier iniciativa que las mantenga activas y que a la vez les permita conocer gente nueva.

Están actualizadas, atienden su casa, cuidan su silueta y se dan tiempo también para sus nietos.

Y si una mujer sola forma pareja, cosa que es altamente probable, suele preferir en ese sentido otra experiencia que no haya vivido, es decir, que no le exija las mismas condiciones y el mismo compromiso que ha conocido.

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