miércoles, 21 de septiembre de 2011

Las supermamás

Trabajar fuera del hogar y tener hijos es una tarea difícil que hoy en día desempeñan la mayoría de las mujeres. Con frecuencia sienten complejo de culpa o consideran que no son lo suficientemente buenas como madres o amas de casa. Para llevar a cabo con éxito ambas funciones es necesario organizarse bien y seguir los consejos que exponemos a continuación.

1. ¿Quién son supermamás?


Son aquellas madres que trabajan fuera de casa, realizan las tareas del hogar y cuidan de sus hijos a la perfección.

Ellas se encargan de llevar a sus hijos a los cumpleaños y comprar regalos, de ir al médico cuando es necesario y de asistir a las tutorías y reuniones del colegio. Son personas abnegadas que lo sacrifican todo por su familia.
Muchas de ellas, se limitan profesionalmente para poder disponer de más tiempo libre para estar con sus hijos.

Tienen una vida frenética y apenas disponen de tiempo para ellas. Quedar con las amigas, leer un libro o hacer un poco de deporte es prácticamente imposible para estas madres.
Tienen la capacidad de, en poco tiempo, resolver muchos de los grandes problemas o preocupaciones de sus hijos.

Saben escucharles, conocen sus angustias, sus anhelos e inquietudes y con imaginación, creatividad y mucho cariño saben darles una sencilla solución a cada uno de sus "grandes problemas".
Saben que, la mayoría de las veces, lo único que buscan los pequeños es ser reconfortados por su madre y pasar, un poco más de tiempo, con ella. Tan sólo esperan una caricia, un beso, una broma, una conversación o un cuento de su madre o sencillamente estar junto a ella.

2. Complejo de mala madre


En ocasiones, se sienten malas madres porque no pueden dedicar todo el tiempo que desearían a sus hijos.
Se comparan con aquellas otras que no trabajan y la más pequeña nimiedad les puede hacer sentir mal. Así, por ejemplo, no haber tenido tiempo para ayudar a sus hijos con los deberes, limpiarles los zapatos o no haber podido planchar el uniforme del colegio, a veces les hace cuestionar su capacidad como madres.

En otras ocasiones, se sienten fracasadas como amas de casa porque su casa no está tan perfecta como a ellas les gustaría o como las de aquellas amigas que tienen una asistenta en casa o a alguien que le ayude en el cuidado de sus pequeños.
Se les puede acumular trabajo, pero cuando llega el fin de semana se vuelven a poner al día.
 
El cansancio es otro problema al que se enfrentan y supone una limitación para estar plenamente entregadas a sus hijos y poder disfrutar con ellos.

Otras veces tienen sentimiento de culpa, tan característico de las mujeres que trabajan fuera de casa. Este sentimiento surge porque creen que sus hijos necesitan estar más tiempo con ellas o porque la casa no está como ellas desearían.

Deben ser conscientes de que todo no puede salir a la perfección y que lo importante con respecto a los hijos es conocerlos lo mejor posible, saber cómo son, lo que les gusta, desean, sienten, preocupa, etc. Eso es lo esencial para una buena madre, conocer a sus hijos y saber ayudarles cuando le necesitan.

3. ¿Cómo organizar todas las obligaciones?


Para poder salir adelante y conseguir con éxito todas las obligaciones que tienen, las supermamás deben procurar relajarse y disminuir el estrés que les puede ocasionar todas las tareas que tienen que realizar.

A continuación proponemos una serie de sugerencias para poder organizarse:

- Priorizar todas las obligaciones que tienen y diferenciar las realmente importantes de aquellas otras que no lo son tanto. Si cuando llegas a casa tras una larga jornada de trabajo, no está tan limpia y ordenada como te gustaría que estuviese, olvídalo. No tiene importancia. No es el momento de ponerte a limpiar, es mejor dejarlo para cuando estés menos cansada y aprovecha lo que queda de día para estar y disfrutar con tus hijos. Es más necesario y gratificante.

- Ten en cuenta el refrán "quien mucho abarca poco aprieta", y no te sobrecargues de trabajo ni te pongas a hacer varias cosas al mismo tiempo. Cuando estés en el trabajo dedícate exclusivamente a él y no estés constantemente llamando a casa para saber de los niños. Concéntrate en tu trabajo y si tienes que llamar a casa, espera al momento de descanso. Igualmente, cuando estés en casa desconecta del trabajo.
- Organízate de tal forma que dispongas siempre de un poco de tiempo libre para ti. Bien para estar sola, para descansar, salir con las amigas o para evadirte realizando actividades que te gusten: deporte, manualidades, baile, leer, etc. Ser madre y trabajar fuera de casa absorbe mucho tiempo y si no pones empeño y te organizas, no podrás realizar aquellas actividades que tanto deseas o, simplemente descansar.

- Haz que tu marido ejerza su paternidad de forma responsable, encargándose él también del cuidado de los niños y asumiendo que tú necesitas tiempo de descanso o tiempo para salir de casa y realizar actividades que te gustan y te benefician.

Es muy importante que todos participen en casa, que sean ordenados, que ayuden con las tareas domésticas, que hagan su cama y que sean responsables con sus estudios. Explícales que su ayuda contribuirá a que tú dispongas de más tiempo para estar con ellos.

- Practica algún hobby. Esto no se puede considerar como un capricho, pues para algunas personas es una necesidad y una ayuda muy importante para estar más relajadas, con mejor humor, despejadas y alegres. Y por tanto, un beneficio para toda la familia y para mantener una mayor estabilidad emocional.

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Saber regañar

Regañar puede ser útil y beneficioso en un momento determinado para conseguir un cambio de actitud, pero para conseguir esto, hay que regañar con un cierto criterio, si lo hacemos constantemente, de una manera inapropiada o en momentos improcedentes, la regañina se puede volver en contra nuestra y hacer el efecto contrario al que deseamos. Tenemos que ser conscientes de lo importante que es saber regañar. Uno de los componentes más frecuentes y característicos en la educación de los niños es la regañina.

1. ¿Por qué regañamos?


La mayoría de las veces, regañamos con el fin de que se produzca en otro un cambio de actitud. En este caso, el motivo de la regañina ha de ser claro, y debemos distinguir entre aquello que personalmente nos molesta y lo que realmente es una conducta inapropiada, no podemos dejarnos llevar por nuestras manías ni por nuestro propio interés o comodidad, debe haber un motivo que justifique una regañina.

Es decir, no podemos basarnos en motivos personales, hemos de hacerlo ante actitudes que claramente necesiten ser corregidas. Así por ejemplo, una coletilla al hablar o una forma de hablar que nos desagrade porque sea fuerte, floja o porque una persona gesticule mucho, no es motivo suficiente para reñirle a alguien, como mucho podemos sugerirle que deje de hacerlo.
 
Con frecuencia, creemos que para conseguir un cambio de actitud en los demás, es necesario decir las cosas regañando.

Sin embargo, esta nos es la forma más idónea para lograrlo y, si además, somos inoportunos en el momento, en el lugar donde lo hacemos y en las formas, no conseguiremos que el otro cambie.
Incluso, es muy probable que ni siquiera nosotros seamos la persona indicada para llamar la atención a esa persona o para decirle que cambie su conducta.

Cuando se trata de niños, el propósito de la regañina es que el niño sepa que hay unas normas que tiene que cumplir, que no puede hacer todo lo que le apetezca y que en ese momento su conducta ha sido inapropiada.

2. Cómo regañar


 - Debemos buscar el momento oportuno, esperar a que esa persona se encuentre receptiva hacia lo que le vamos a decir para que sea capaz de asimilar nuestras palabras.

-  También, debemos buscar el momento en el que nosotros nos encontremos tranquilos y seamos capaces de hablar calmadamente para poder transmitir nuestro mensaje con claridad. En caso contrario, cuando estamos irritados y enfadados tan sólo conseguimos transmitir esos sentimientos negativos y, en este caso, la regañina será contraproducente.

- Concretemos el motivo. No riñamos a nuestro hijo diciéndole que es irresponsable o desordenado, seamos más específicos y digámosle claramente lo que queremos de él como "termina los deberes", "recoge el cuarto", "ordena tu ropa"?

-  Hacerlo siempre con respeto. Tenemos que saber decir las cosas sin hacer daño y sin ofender, todo el mundo merece nuestro respeto. Es una equivocación insultar, porque eso hace que la regañina se convierta en una pelea y finalice la comunicación.

- Debemos conseguir que la comunicación sea efectiva, es decir obtener resultados positivos. Es fundamental concretar, llegar a acuerdos sobre cómo se va a producir ese cambio de actitud.

3. Lo que no debemos hacer 



Cuado regañamos a alguien debemos evitar en todo momento:

-  Utilizar sermones largos. Lo único que conseguiremos con esto es que la otra persona se evada de la conversación. Probablemente, pensarán en cualquier otra cosa antes que en lo que estamos diciendo. La regañina debe ser breve y directa.

- Regañar en exceso. Con frecuencia, caemos en el error de regañar una y otra vez por la misma cosa, sin darnos cuenta que con esta actitud tan solo conseguiremos que el otro se ponga a la defensiva o considere una actitud repetitiva que está harto de oír.

Utilizar expresiones como "cuando yo tenía tu edad?", "que sea la última vez que?", "en mis tiempos?", "que no me entere yo que?"

- Nunca regañar o corregir delante de los demás, debemos hablar en privado, donde estemos solos y entonces le diremos todo aquello que necesitemos decirle. En caso contrario, si lo hacemos en público, se sentirá humillado y abochornado.

- No debemos tener una conversación destructiva ni humillar, sino todo lo contrario, la crítica que hagamos o la regañina debe ser constructiva, con la finalidad de corregir, orientar y evitar que vuelva a suceder aquello que ha ocasionado esa situación.
- No podemos acudir a los reproches.

- No debemos suponer que el otro lo hace con la intención de molestar.

No podemos decir las cosas a voces, con resentimiento o con ironía, tan solo conseguiríamos desahogarnos pero no obtendríamos ningún cambio en la otra persona y lo único que conseguiríamos es ofenderle y herir su ego.

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martes, 20 de septiembre de 2011

El papel de los abuelos en la crianza del niño

La incorporación de la mujer al mundo laboral y la imposibilidad, en muchos casos, de compatibilizar los horarios de las parejas con los de sus hijos, ha hecho que los abuelos sustituyan a los padres en determinados momentos incrementando la importancia del papel de los abuelos en la educación de sus nietos.

1. Familias de hoy

La mayoría de las familias de ahora, donde tanto el padre como la madre trabajan, se encuentran con la dificultad de poder conciliar su vida familiar con la profesional. Se hallan ante una situación, en la que es imprescindible la ayuda de otras personas para cuidar de sus hijos mientras ellos están trabajando.

El problema fundamental para estos padres es elegir a la persona adecuada para el cuidado de sus pequeños. Es muy difícil encontrar a alguien "de confianza", que les permita tener la certeza de que sus hijos van a estar bien cuidados.

Por ello, si estas familias tienen la posibilidad de contar con la ayuda de los abuelos, no deben dudar en solicitarla. De esta forma, se sentirán más tranquilos y tendrán la seguridad de que sus hijos van a estar recibiendo los mejores cuidados y que se les estará tratando con verdadero cariño y afecto.


 2. El papel de los abuelos


Con la incorporación de la mujer al mundo laboral, el papel que los abuelos desempeñan en algunas familias es de suma importancia. Las grandes ausencias de los padres debido al intenso ritmo de trabajo o al cumplimiento del número de horas laborales, en muchos casos, no puede ser cubierto totalmente por una niñera o una guardería.

Los padres encuentran en los abuelos la mejor solución para el cuidado de sus hijos. Además, con los abuelos los nietos crecen en un entorno familiar rodeados de cariño, lo que aporta grandes beneficios a los pequeños que se sienten protegidos y queridos por sus abuelos.

Aunque ellos sean la mejor alternativa para el cuidado de los pequeños, es fundamental saber distinguir si están en condiciones de hacerse cargo de los nietos o, si por el contrario, son muy mayores y no están capacitados para ello.

En este último caso, pueden contribuir prestando pequeñas ayudas como: recoger a su nieto de la guardería o del colegio, llevarlo a pasear al parque, darle de comer o estar pendiente de ellos cuando echan la siesta. Son tareas que no les agotan y que, sin embargo, son de una tremenda ayuda para los padres.

Los abuelos sienten una gran satisfacción cuando comparten el cuidado de sus nietos, además se sienten útiles y activos. Esta colaboración repercute positivamente tanto en ellos como en el niño. Es una experiencia muy enriquecedora para ambos.


3. La ayuda que los abuelos pueden ofrecernos


La ayuda de los abuelos es muy valiosa. Por diversas circunstancias, en ocasiones, son ellos los que se encargan totalmente del cuidado de sus nietos y, en otras ocasiones, tienen que limitarse a lo que sus posibilidades físicas les permitan. En ambos casos, contar con su colaboración ofrece enormes ventajas para toda la familia.

En el caso de abuelos jóvenes que se encuentran perfectamente de salud, pueden resolvernos problemas de muy diversa índole como: compartir el cuidado de los hijos, contribuir con su educación y evitar un gasto económico muy importante al ejercer ellos de canguros o de niñeras. Gasto que muchas familias no podrían soportar.

También su ayuda nos puede servir de desahogo. Es de gran importancia para la relación de pareja, que ésta pueda disponer de momentos de ocio para ellos mismos y poder salir a cenar, al cine o con los amigos.

Es muy importante, establecer acuerdos entre los padres y los abuelos con respecto a los temas relacionados con las normas y la educación del pequeño. Ninguna de las partes debe desautorizar a la otra delante del niño ni dar órdenes de cómo debe ser educado el pequeño. Deberán establecer límites y ponerse de acuerdo en todo lo referente al pequeño.


4. Los límites a esta ayuda


Ante todo, esta ayuda por parte de los abuelos ha de ser totalmente voluntaria, y debemos ser conscientes de si realmente esta colaboración no va a suponer un esfuerzo muy grande para ellos.

Unos aspectos a tener muy en cuenta son la edad de los abuelos o su estado de salud para evitar en todo momento, que el cuidado de los nietos se convierta en una tarea pesada y difícil de cumplir.

Hemos de tener muy presente sus limitaciones y no abusar de ellos. De lo contrario, podrían sentirse explotados y sufrir situaciones de estrés y agotamiento físico.

Otro aspecto a tener en cuenta es la vida social de los abuelos. No podemos permitir que renuncien a ella por necesidades nuestras. Ante todo, debemos tener presente que son personas que tienen que vivir su propia vida y, no convertirlos en esclavos de la nuestra.

Ellos ya vivieron una época en la que tuvieron que cuidarnos y no es justo cargarles de nuevo con esa obligación en detrimento de su esparcimiento o sus aficciones y muchos menos en detrimento de su salud.

Si los abuelos deciden prestar su ayuda compartiendo el cuidado de los nietos, debéis hacerles saber durante cuánto tiempo los vais a necesitar y con qué frecuencia. 


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lunes, 19 de septiembre de 2011

La comunicación en la pareja

La comunicación es la base de cualquier relación. Sin ella, no podemos llegar a un entendimiento ni a un conocimiento de nuestra pareja, por lo que daría lugar a un fracaso en la relación. Para tener una buena comunicación, debemos tener en cuenta una serie de elementos que contribuyen a mejorarla.

1. Conocer al otro

La comunicación es esencial en cualquier relación de pareja porque es a través de ella como podemos conocernos y comprendernos y, por tanto, amarnos.

Conviene que nuestra pareja sepa lo que nos gusta, lo que pensamos y lo que sentimos para que tenga un mayor conocimiento de nosotros y pueda entendernos y ayudarnos cuando lo necesitemos. Para querer a una persona es necesario conocerla.

La pareja es un proyecto de dos personas que deciden compartir su vida. Para ello, necesitan compartir de forma incondicional todo lo que son y tienen, y eso exige una comunicación fluida entre ambos. Una comunicación para conocer y para que nos conozcan, basada fundamentalmente en el diálogo y necesaria para que la convivencia tenga sentido.
  

Tan importante o más que las palabras son la mirada, los gestos, la sonrisa, la expresión facial... , que forman parte del lenguaje no verbal y que, en la mayoría de las ocasiones, es más expresivo y cercano que las propias palabras.

Normalmente, una sonrisa, un silencio oportuno o una caricia suponen una complicidad o acercamiento hacia nuestra pareja, imposible de expresarlo en el lenguaje verbal. Ante una discrepancia en ambos tipos de lenguaje, damos mayor credibilidad al lenguaje no verbal


2. Elementos básicos para una buena comunicación  

2.1. Diálogo
Para mantener una comunicación efectiva tenemos que llegar a través de la palabra al entendimiento. El diálogo hace que las personas intercambien ideas, sentimientos y opiniones, profundizan en sus vidas y lleguen a un mayor acercamiento.

Para que la relación de pareja sea sólida, hemos de estar abiertos al diálogo y vivir con entusiasmo las cosas del otro, mostrando interés y preocupándonos por todo lo que le acontece.

Debemos procurar mantener una conversación entretenida, hablando con entusiasmo y transmitiendo nuestras pequeñas cosas diarias con la certeza de que al otro le interesa. Aunque en ocasiones nos sintamos cansados y con poca gana de conversar, debemos realizar un esfuerzo y dedicarle a nuestra pareja parte de nuestro tiempo a pesar de la desgana o del cansancio.

Con un diálogo eficaz evitaremos las incomprensiones y muchos problemas y haremos que nuestra pareja se sienta más feliz con nosotros. No hay nada más destructivo para una relación que la falta de conversación, aunque no tengamos ganas debemos hacer el esfuerzo y conversar a diario.

2.2. Saber escuchar
No basta con oír. Es necesario prestar atención y mostrar interés por lo que dice nuestra pareja. No podemos limitarnos a oír unas palabras, sino que tenemos que entender el mensaje de esas palabras. Tenemos que escuchar activamente entendiendo lo que nos dicen y demostrando con la mirada, muletillas o preguntas interés sobre el tema en cuestión.

2.3. Comunicar lo que sentimos
Hay a quien le cuesta expresar lo que piensa y siente, creemos que el otro debe saberlo y nos avergüenza expresar sentimientos, no tenemos en cuenta que para nuestra pareja puede ser una necesidad conocerlos. Tenemos que dejarnos conocer, de lo contrario no podremos llegar a una relación estrecha y comunicativa.

Debemos comunicar tanto los sentimientos positivos cómo los negativos. No podemos tener miedo a expresar nuestros sentimientos aunque sean negativos.

Si nos sentimos enfadados, tristes, malhumorados... no expresarlo contribuiría a un mayor malestar en nuestra relación porque no se resolvería el problema en cuestión e incluso podría dar lugar a malentendidos o a situaciones conflictivas.

2.4. Respeto
Palabras mal sonantes, insultos, descalificaciones, humillaciones, gestos groseros... forman parte de una comunicación ineficaz e irrespetuosa de la que tendríamos que prescindir siempre.

No podemos dejarnos llevar por el enfado o la ira y no controlar las emociones. El mensaje que transmitiríamos es negativo y jamás llegaríamos a un entendimiento. Podemos discutir pero siempre con respeto.

 3. Errores más frecuentes de comunicación 

La mayoría de los problemas que tienen las parejas están relacionados con la comunicación, bien porque no se comunican entre ellos o por la manera inadecuada de hacerlo.

Una buena comunicación facilita la convivencia y supone un apoyo y ayuda mutua. Así, los errores más frecuentes en relación a la comunicación de pareja son:

- No luchar por conseguir ratos de intimidad. La falta de comunicación es uno de los principales problemas que pueden surgir en las parejas y que incluso pueden llegar a destruir la mejor relación. Para que la pareja esté unida tienen que haber comunicación, debe luchar para mantener verdaderos ratos de intimidad donde fluya la comunicación y donde pueda hablar sin ser interrumpida por nada ni por nadie.

- Pensar que el otro conoce nuestros sentimientos y estado de ánimo. No esperes que tu pareja adivine lo que piensas, sientes o te sucede, dile lo que esperas o deseas y no le juzgues o critiques si no es capaz de adivinarlo. Piensa que no lo hace adrede, tan sólo que no tiene capacidad de observación o sensibilidad para captar los pequeños detalles que hablan por sí solos. No culpes a tu pareja.

- El cansancio y la falta de tiempo. Uno de los grandes errores en la comunicación es la falta de tiempo y dejarse llevar por el cansancio. Tenemos que hacer un esfuerzo y superarlo para estar con nuestra pareja, para hacer actividades con ella o simplemente para conversar. De lo contrario, si con frecuencia evitamos estar con ella porque estamos excesivamente cansados o no disponemos de tiempo, la relación se enfriaría y surgiría un distanciamiento entre ambos. El amor hay que cuidarlo y los momentos que se comparten con la pareja son muy importantes para que el amor crezca.
 

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El miedo al compromiso

No es fácil para muchas personas conocer a alguien que pueda resultar interesante, pero cuando se encuentra y se decide iniciar una relación, uno se aventura en un universo de experiencias novedosas y de complejos sentimientos y emociones. Muchas personas desean encontrar una pareja y establecer una relación sólida pero por otra parte, les da miedo adquirir un compromiso.

 1. Cuando deseo tenerte... y huyo de ti

El proceso de evolución sentimiental en el ser humano, parece que sea un camino programado y fácil de seguir, pero en realidad es un aprendizaje complejo.

Desde los primeros años de vida, ya nace el amor por las personas cercanas y de las que existe una dependencia. En la infancia el vínculo amoroso va dirigido hacia los progenitores y entorno familiar. El mundo del niño se reduce al ambiente familiar, las personas que conoce y le rodean.

En la adolescencia ese vínculo se amplía al grupo de iguales, se busca la cercanía y el placer con los amigos. Al llegar a la juventud, se empieza a despertar la necesidad de compartir las experiencias con una pareja.

En la mayoría de las ocasiones, la necesidad de divertirse y estar con los amigos es tan poderosa como la necesidad de estar con la pareja, motivo en ocasiones de conflicto con uno mismo, ya que el individuo tiene que empezar a entrenarse en tomar decisiones y aprender a establecer prioridades, así como a saber compartir y organizar sus preferencias.

Será llegados a la edad adulta cuando el foco de motivación se centra principalmente en encontrar una pareja. Claro está, que en primer lugar no es fácil para muchas personas conocer a alguien que pueda resultar interesante, pero cuando se encuentra y se decide iniciar una relación, uno se aventura en un universo de experiencias novedosas y de complejos sentimientos y emociones.

Muchas personas desean encontrar una pareja y establecer una relación sólida pero por otra parte, les da miedo adquirir un compromiso.


2. ¿Por qué aparece el miedo?


El miedo surge ante la expectativa de cambio. Si una persona se plantea que tener una pareja conlleva una valoración que resta, es decir, existen más cosas que perdemos de las que ganamos, entonces tendrá más fuerza el temor al fracaso que la expectativa ante lo positivo que está por venir.

El miedo es el resultado de un desajuste entre lo que tenemos que afrontar y los recursos de los que se dispone. No solo es importante tener los recursos necesarios para afrontar las situaciones, es primordial que la persona sea consciente de la capacidad que posee y la lleve a la práctica.

Cuando la persona ignora sus propias capacidades, aparecen los temores e inseguridades que hacen a uno más frágil y débil ante las circunstancias. En estos casos, la persona tiende a huir porque no sabe como responsabilizarse ni asumir las diferentes adversidades con las que puede enfrentarse.


 3. ¿Qué personas son más vulnerables?


Existen algunas características comúnes entre las personas que les da miedo consolidar una relación de pareja. Estas personas temen el compromiso con ellos mismos, con su autonomía, les asusta ser responsables de sus actos y consecuencias, de tomar decisiones, de expresar sus opiniones.

La autonomía y responsabilidad son capacidades que se van construyendo y aprendiendo con los años. La familia tiene un papel fundamental en la formación de los recursos y capacidades del individuo. Así pues, una educación protectora, permisiva o muy rígida impide al individuo desarrollar sus propias estrategias de afrontamiento para valerse por sí mismo. La persona que ha aprendido a establecer normas rígidas, lo hará también con su pareja. Será exigente para compartir, dar y recibir del otro, y en el momento que la relación no siga el curso esperado, vendrá la frustración y la ruptura sin dar posibilidad de cambio.

La rigidez también lleva a que el individuo tenga la necesidad de tenerlo siempre todo controlado. Ese control se pierde en el momento que se comparte con una pareja el día a día y no se tienen las estrategias adecuadas para afrontar las situaciones novedosas que van apareciendo. Aparece entonces la inseguridad y el miedo que provoca angustia y frustración y por ende, se tiende a evitar aquello que no se controla.

También existe en estas personas una dificultad para expresar las propias emociones. Intentan no profundizar en lo que piensan y sienten de forma que las conversaciones que mantienen tienden a ser superfluas para no mostrar sus inseguridades y sentirse inferiores.

 4. ¿Cuál es su modus operandi
 Generalmente el deseo de conseguir una relación estable les hace ser buenos conquistadores, pero posteriormente su miedo a la intimidad les creará confusión y empezarán a crear y a creerse excusas y argumentos contra la pareja para poder escapar de una relación que inicialmente habían buscado.

Cuando surge el miedo a la intimidad, empiezan a crecer las dudas y a buscar “fallos” en la pareja. En cierta forma, la falta de estrategias y de conocimiento sobre uno mismo hace que se busque justificación a la propia inseguridad y temores.

Como no se está preparado para asumir y abordar las carencias que uno tiene, se busca en el otro fallos que alivien el malestar generado y así comprobar que la causa del desconcierto es que la otra persona no es la adecuada. Al final se buscará romper la relación para recuperar la estabilidad y huir del descontrol.

Este proceso de búsqueda de pareja y rechazo al compromiso se repetirá continuamente con diferentes parejas hasta que la persona asuma que tiene que abordar sus limitaciones. El ciclo se conseguirá romper cuando la persona se sincere consigo misma, afronte sus verdaderas necesidades y se arriesgue al compromiso.




Es imprescindible aprender a hacer frente al miedo utilizando nuevas estrategias de afrontamiento, ya que la evitación no resuelve el problema.

- Hay que hacer frente a la situación conociendo y asumiendo qué sucede y por qué sucede. Se debe contemplar la posibilidad de cambio sin que ello implique una sensación de descontrol.

- La autoconfianza debe ser un camino que se inicie desde un reconocimiento positivo de las capacidades y dificultades que uno posee. Valorarse más uno mismo fortalecerá la seguridad en las acciones y decisiones que se tomen.

- Es esencial aprender a expresar los temores y las inseguridades. Saber exteriorizar las preocupaciones ayuda a fomentar una relación de confianza y de mayor conocimiento entre los miembros de la pareja.




 
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