lunes, 7 de mayo de 2012

Qué es la intuición y como reconocerla?

Reconocer la intuición puede ser una gran herramienta para tomar mejores decisiones, libres de prejuicio y sin la carga emocional que por lo general tienen nuestras acciones.

¿Alguna vez les ha sucedido que estuvieron a punto de tomar la decisión de ir por un camino distinto a su casa, pero no lo hicieron, y se encontraron con algo desagradable en el trayecto?

Puedo haber sido un taco, un incendio, un asalto, o cualquier cosa, pero en el momento que lo reconocen dicen: “¡Yo sabía que tenía que irme por el otro lado!”.

Bueno, esa era su intuición hablándoles, pero como no estamos acostumbrados a escucharla, usualmente no le hacemos caso, sino que simplemente la dejamos pasar.

Reconocer la intuición puede ser una gran herramienta para tomar mejores decisiones, libres de prejuicio y sin la carga emocional que por lo general tienen nuestras acciones. Pero aprender a reconocerla no es fácil, primordialmente porque nunca lo hemos practicado.

Muchas veces el qué es la intuición se confunde con otro tipo habilidades que poseemos como seres humanos, lo que sin duda nos aleja de poder usarla de manera efectiva en las decisiones que tomamos en el día a día.

Estamos entrenados para vivir desde la lógica mental, una herramienta que es muy importante para nosotros, sin embargo, existe una sabiduría que va más allá de eso, pura y libre de juicios a la que podemos acceder si así lo queremos.

Pero como no podemos simplemente reconocer algo que nunca hemos conocido, comenzaré por contarles lo que no es la intuición:

1)      La intuición no es mental, es sabiduría que viene desde otra parte de nuestra existencia.

2)      La intuición no es el cuerpo hablando, aunque podría manifestarse a través del.

3)      La intuición no es la voz del corazón ni la emoción que sentimos al percibir una situación.

La intuición es el primer chispazo que se nos viene a la cabeza cuando queremos tomar una decisión, es tener certeza más que conocimiento sobre algo más allá de la lógica mental.
Aprender a reconocer ese chispazo es una cosa de práctica, porque ocurre sólo por unas milésimas de segundos antes de que la máquina mental empiece a funcionar y comience todo el proceso lógico al que estamos acostumbrados.

Por eso para acceder a ella debemos aprender a acallar la mente, o al menos controlarla, del mismo modo que es necesario tener consciencia de nuestras emociones y de nuestro cuerpo en el momento en que queramos usarla.

La intuición es sabiduría a la que podemos acceder que está fuera del tiempo y el espacio en el que vivimos, es contacto espiritual con nuestra esencia y la posibilidad de actuar desde ahí, pero sin ser impulsivos.

Por último cabe destacar que la intuición funciona de distintas formas en distintas personas y cada uno debe aprender a reconocer cuál es la forma en que ese chispazo.

Por ahora, la mejor manera de usarla más es: ¡practicar!

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viernes, 4 de mayo de 2012

Susceptibilidad

La susceptibilidad es una característica de la personalidad que consiste en una reacción exagerada a la conducta de los demás, que se identifica siempre como un ataque. Esta característica suele venir determinada por una baja autoestima y una gran inseguridad y miedo al rechazo y acaba desembocando en un deterioro de las relaciones interpersonales.

En los artículos siguientes explicaremos qué es la susceptibilidad, sus causas, consecuencias y síntomas, para que puedan identificar si ustedes o alguien cercano padece este problema. También trataremos los trastornos psicológicos que pueden acabar desarrollándose en estas personas y la relación que existe entre esta característica de personalidad y una baja autoestima.

Entre las técnicas que pueden adoptarse para reducir la susceptibilidad nos centraremos en la mejora de la autoestima, el cambio en los esquemas de pensamiento y la mejora de las habilidades sociales y comunicativas.

También expondremos una serie de consejos para que las personas que conviven con una persona susceptible aprendan a tratarle y a ayudarle a superar este problema.

Por último nos centraremos en estudiar la susceptibilidad en la infancia, ya que es la época en la que esta característica se desarrolla, y daremos una serie de consejos para que los padres la detecten y puedan ponerle freno.

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jueves, 3 de mayo de 2012

Compararse con los demás

Compararse continuamente no suele ser una buena fórmula para aumentar la autoestima, sino todo lo contrario. Las personas perfeccionistas tienden a compararse todo el tiempo con otras personas y a sentirse en posición de inferioridad. La comparación excesiva nunca es buena para nadie. Cuando la comparación viene del exterior, es decir, de otras personas, tal vez es más fácil hacerle frente, pedir que se dejen las comparaciones de lado o hacer caso omiso. Sin embargo, cuando las comparaciones vienen de uno mismo suele ser mucho más difícil hacerles frente, sobretodo porque en la mayoría de los casos las comparaciones suelen hacerse con respecto a personas con una gran cantidad de logros, virtudes y atributos positivos, por lo que es habitual minusvalorarse al hacer tales comparaciones. En otros casos, el perfeccionismo y la baja autoestima pueden llevarnos a tener incluso a una percepción deformada de uno mismo. Dicho de otra forma, existe un complejo proceso psicológico que puede llegar a hacernos sentir inferiores a raíz de una comparación con otra persona, aun cuando en tal comparación la diferencia que vemos no exista. Esto es muy común por ejemplo entre aquellas personas que sufren de anorexia, que  tienen una imagen distorsionada de sí mismas que hace que al compararse con otras personas o con modelos y artistas, se vean como más gordas cuando en realidad no lo son.

Por este motivo, es importante tener en cuenta que las comparaciones no suelen llevar a buen fin. De la misma forma por la que no es bueno estar constantemente comparando a los demás con otras personas, tampoco es bueno que nosotros nos comparemos con otras personas si esto nos lleva siempre a sentirnos defraudados de nosotros mismos.

Lo más importante para lograr aumentar la autoestima es saber comprender que todas las personas son diferentes y también lo es la vida y las circunstancias de cada uno. Mortificarse porque alguien ha obtenido un logro más, una mejor nota, un mejor puesto de trabajo o porque tiene ciertas comodidades en la vida, nunca es bueno. Uno debe aprender a mantener su propia vida y establecer sus propios parámetros, metas y objetivos, basados en lo que uno quiere y no en lo que los demás han podido lograr.

Las comparaciones pueden llegar a tener un lado positivo cuando no son excesivas y no se toman como algo malo, sino que simplemente se toma como una herramienta motivadora para mejorar y alcanzar ciertos logros. Sin embargo, hay que tener cuidado porque la línea que divide cuando la comparación es buena y cuando no lo es, es muy fina y  entrar en una dinámica de comparaciones puede llevarnos a un perfeccionismo extremo que no aumentará nuestra autoestima, ni nos harán sentirnos bien.

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miércoles, 2 de mayo de 2012

Cambiar los pensamientos negativos

Vamos a explicar cuáles son los principales sentimientos negativos con los que la crítica nos ataca, qué función cumplen y cómo podemos luchar contra cada uno de ellos:
  • Sentir que no tienes valor: La crítica nos ataca diciendo que no valemos nada por nosotros mismos si no somos capaces de alcanzar unos estándares de perfección. Como suele ser imposible llegar a esos objetivos, nos sentimos frustrados e inútiles como personas. Para vencer este sentimiento hay que aprender a valorarse objetivamente y a apreciarse y aceptarse como uno es.
  • Miedo al fracaso: La crítica suele decirnos que no somos capaces de hacer determinadas cosas. Esto hace que ni siquiera lo intentemos y por ello tengamos menos ansiedad, pero nos paraliza y nos convierte en seres pasivos. Para combatir este miedo hay que evaluar los errores pasados para darse cuenta de que no hay nada malo en nuestra personalidad que nos conduzca al fracaso y empezar a replantearse metas futuras accesibles que nos saquen de la pasividad.
  • Miedo al rechazo: La crítica nos tortura diciéndonos continuamente que los demás van a rechazarnos, que no somos lo bastante buenos para ellos. Esto nos protege de los posibles rechazos futuros, al estar sobre aviso, pero, por otro lado, disminuye nuestra autoestima y dificulta nuestras relaciones sociales. La manera de combatir este miedo es lanzarse mensajes positivos, mejorar nuestras habilidades sociales y aprender a hablar sobre ese supuesto rechazo con las personas implicadas en lugar de darlo por hecho.
  • Sentimientos de culpa: La crítica utiliza mensajes que nos culpabilizan sobre nuestros errores pasados. Con esto nos ayuda a controlarla y a no tener que hacer nada para cambiar. Es como si nos dijéramos “No tengo que pedir perdón ni hacer nada por arreglar esto. Bastante me estoy castigando yo con lo culpable que me siento”. La manera de afrontar estos sentimientos es reflexionar sobre ellos para poder ver la magnitud del error de manera objetiva y afrontar las consecuencias de forma madura.
  • Sentimiento de frustración: La culpa nos castiga diciéndonos que somos los culpables de nuestros fracasos. Como en el caso del sentimiento de culpa, estos sentimientos no nos ayudan en nada y sólo nos llevan a permanecer pasivos, sin hacer nada por mejorar. La forma de combatir la frustración es aprender a afirmar nuestro valor como persona y reflexionar sobre las decisiones que nos llevaron a fracasar. Muy posiblemente encontraremos que las decisiones que tomamos en aquel momento eran las únicas disponibles y podremos dejar de culparnos por ellas. Hay que aprender a perdonarse a uno mismo y a estar orgullosos de lo que somos y de los intentos que hacemos para mejorar. Hayan terminado en éxito o en fracaso, han sido un paso más de nuestro aprendizaje y evolución.

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martes, 1 de mayo de 2012

Pensamientos negativos

Muchas veces somos nosotros mismos los mayores enemigos de nuestra autoestima. Las personas podemos tender a criticarnos excesivamente, exigiéndonos niveles de perfección que son irreales y culpándonos por no ser capaces de alcanzarlos. Esta crítica puede llegar a ser tan destructiva en algunas ocasiones que disminuye la autoestima hasta niveles patológicos y sume a la persona en la depresión. Por ello es importante aprender a combatir la autocrítica y saber desarmarla cuando es negativa.

Otra manera en la que nosotros mismos atacamos a nuestra autoestima es a través de la distorsión del pensamiento. Consiste en una visión distorsionada de quienes somos, acompañada de unos niveles de perfeccionismo y autoexigencia que son inalcanzables. El perfeccionismo exagerado, las comparaciones propias innecesarias y la idealización de las demás personas conducen a valorarnos de forma negativa, con lo que nuestra autoestima se verá reducida de forma importante.

Todos estos pensamientos negativos nos impiden valorarnos de forma realista, aceptarnos a nosotros mismos y desarrollar una autoestima que nos permita ser felices y comportarnos de manera satisfactoria en nuestras relaciones sociales. Por ello explicaremos una serie de técnicas que nos permitirán desarmar la autocrítica negativa y detectar y cambiar los pensamientos negativos.

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