jueves, 15 de marzo de 2012

Oniomania, el síndrome del comprador compulsivo

Resulta muy difícil reconocer que nos gusta mucho ir de compras, una “terapia” que puede servirnos en un momento dado para olvidar los problemas cotidianos. Sin embargo cuando se convierte en un acto difícil de controlar se convierte en un trastorno psicológico tan grave como la ludopatía.

¿Cómo, y a quién, suele afectar este síndrome que genera esa enorme dependencia?

El síndrome del comprador compulsivo afecta a hombres y mujeres. Su perfil suele ser entre 30 y 40 años, con baja autoestima, falta de autocontrol, inseguridad, propensión a la fantasía, sensación de soledad o vacío espiritual. Además, suelen padecer otros trastornos como ansiedad y depresión.

Ir de compras puede provocar gran placer en el momento, pero después viene el arrepentimiento de haber adquirido cosas inútiles, y de ahí la depresión y la ansiedad, lo que lleva de nuevo a las tiendas como forma de evasión. Así se entra en un círculo vicioso del cual es muy difícil salir sin ayuda.

¿Cuál es la diferencia fundamental entre un comprador normal y uno compulsivo?

Mientras que el primero siente satisfacción de haber adquirido algo que deseaba, pero puede controlar lo que gasta, el segundo obtiene un placer desmedido en el momento de hacer sus compras, similar al que produce la droga, además de perder el control de sus actos.

¿Se conocen las causas de esta adicción?

Aunque la causa que provoca la adicción a las compras se desconoce, los especialistas en este tipo de trastornos afirman que es una mezcla de causas biológicas y sociales.

La falta de control sobre los impulsos, provocada por las anomalías cerebrales relacionadas con la función de la serotonina (un neurotransmisor).

¿Puede añadir alguna causa social?

Esta patología tiene como desencadenante principal el tipo de sociedad consumista en la que vivimos, donde el ir de compras se convierte en una actividad de ocio más que en una necesidad.

Los psicólogos argumentan que la publicidad muestra a un individuo cuyo poder se mide por la cantidad y la calidad de bienes que tiene. Ante esto las personas con una personalidad poco desarrollada recurren a las compras para saciar una cuota de poder que la sociedad no les dio de forma natural.

¿Se podría hacer una lectura simbólica del acto de comprar?

Comprando es necesidad, intercambio, asimilación, acumulación y eliminación. Es un proceso que simboliza algo primario como es la alimentación y la respiración.

¿Qué mirada psicogenealógica admite la oniomanía?
Un síntoma, un comportamiento compulsivo, una falta de control de impulsos puede tener una raíz psicogenealógica. La base de cualquier comportamiento maníaco es la compensación de una carencia.

Una compulsión al acto del intercambio con el vendedor, nos puede hablar una fijación la carencia de intercambio afectivo o de atención general del niño. La figura de apego se desplaza al vendedor al que busca y busca de manera compulsiva. El corte emocional se produciría en la relación paterno filial.

Una acumulación exagerada de productos que no se necesitan, nos puede hablar de:

-Ideas locas procedentes de los bisabuelos, por ejemplo: “reserva ahora para las vacas flacas”, “quién más tiene, más vale”.
-Competencia fraternal: “yo tengo más que tú”.
-Si de pequeños, nuestros padres hicieron relacionar el estrenar ropa con la renovación (temporada, estaciones…), cuando nuestra vida pida a gritos una renovación, inconscientemente correremos a comprar prendas que estrenar. Y si las resistencias impiden una renovación verdadera, repetiremos compulsivamente el ritual vacío del estreno.
-Fijación por un producto en especial que simboliza de lo que se carece. Como pasa en el coleccionismo, si las prendas de lana simbolizan a la madre, compraré sin parar jerseys, bufandas, calcetines y medias que me den el calor que eché en falta en la infancia. Si las enciclopedias simbolizan el ego intelectual y nos hicieron identificarnos con él, acumularemos tomos y tomos de la Espasa sin abrir el plástico que los envuelve.
Etc.

¿Qué consecuencias tiene la oniomanía?

Los adictos a las compras están inmersos en un mundo irreal, pues olvidan las consecuencias de su acción. No les importa sacrificar sus necesidades básicas y mucho menos las de las demás. Esto provoca situaciones de enfrentamiento con familiares, deudas, ruina económica, ansiedad, depresiones y un largo etc.

¿Cómo podemos superar esta adicción?

Es muy difícil salir de esta adición por cuenta propia, al igual que ocurre con el alcoholismo, la ludopatía o la drogadicción. Pero si estas últimas son fáciles de detectar, muy pocas personas acuden a una consulta para tratar un problema de compras compulsivas, ya que la mayoría de las veces lo consideran una conducta normal o temporal.

Admitir el problema supone un gran paso. A partir de aquí deberá acudir a un psicólogo que le ayude a superarlo. No hay un tratamiento específico, dependerá del grado de adición que tenga.

¿Puede ofrecer un enfoque sano de las compras?

Disfrute de un día de compras, siempre y cuando no descontrole. Pero si tiene cadencia a convertirse en un comprador compulsivo, le ofrecemos una serie de consejos para que no acabe con su economía familiar.

Prepare una lista previa, así evitará comprar aquello que no necesita o repetir artículos. Fíjese una cantidad a gastar, para no pasarse del presupuesto. Evite comprar en estados de depresión ya que será más difícil controlarse. No se deje llevar por la publicidad. Vaya al grano y no mire más de lo que va a comprar, si no acabara picando en algo que no esperaba. Olvídese de las ofertas que no necesita realmente.

Si cuando revise su compra en casa y comprueba que ha adquirido únicamente los productos que tenía previsto… ¡enhorabuena!, ha logrado sortear el peligro de las compras compulsivas. Su cuenta bancaria se lo agradecerá.

Fuente

miércoles, 14 de marzo de 2012

Como decir "no" sin perder amigos

Es difícil mantener tu punto de vista y no dejarte influir por el grupo, sin perder a los amigos. Pero se puede y aquí te explicamos algunas técnicas. 
 
"Yo no lo quería hacer, pero los demás se empeñaron" ¡Cuántas veces hemos oído esta frase en labios de un adolescente!.

La presión del grupo, un amigo que influye demasiado en él, guardar las apariencias, poca confianza en sí mismo... Todas ellas son razones que, en ocasiones, pueden llevarle a hacer lo que no quiere... porque "todos lo hacen".

Y no sólo el grupo de amigos: la televisión, la manipulación de ciertos medios informativos, la publicidad... Existen numerosos elementos en la sociedad actual que buscan una determinada respuesta del adolescente.

Por eso, educarle en el mundo de las habilidades sociales es más urgente que nunca: ha de ser capaz de decir NO a lo que no le conviene, a lo que no quiere.


No se trata de proclamar el NO sin más, automático y sin sentido; cualquier persona, y más un adolescente, ha de aprender a ser coherente con lo que piensa, sabiendo defenderse cuando la presión del grupo o de alguien le acorrala. Muchas veces tendrá que decir NO a lo que le ofrecen como condición para decir SÍ a lo que piensa y siente.

El grupo de amigos

Tomar decisiones sin verse presionado es casi imposible. Dejarse influir es también un arte que hay que aprender. Nuestro hijo se relacionará, y más durante el verano, con gente de muy distinto tipo.

Durante estos años difíciles de la adolescencia recibirá numerosos estímulos para participar, probar, hacer, participar, probar, hacer, protestar... Y, a la vez, no puede dejar de ser él mismo. Saber combinar ambas actitudes es la primera de las habilidades sociales.

Por eso, a veces, hay que saber "enfrentarse" a los demás, para poder decir SI o NO libremente; tener la cabeza fría para hacer lo que realmente quiere hacer.


Lo difícil para un adolescente radica en conseguir mantener sus puntos de vista, sus opiniones... sin perder los amigos, sin perder el aprecio de los demás, sin echar por la borda su influencia en el grupo y sin alterar radicalmente las propias convicciones. No es tan fácil, ¿verdad?

Soy como soy

Cuando un amigo de nuestro hijo o hija le sugiere un plan para el viernes por la noche que no le interesa, su primera reacción, casi automática (al igual que nosotros haríamos) consistirá en inventar una excusa: -"Lo siento, me gustaría, pero no puedo ir; tengo visita"; y lo mismo ocurre cuando un compañero le pide los esquemas que tanto ha tardado en elaborar: "Lo siento, no me los he traído".

Parece como si nos viéramos obligados a mentir para zafarnos del inoportuno o para no herir los sentimientos de nuestro amigo. Y, al mismo tiempo, nos damos cuenta de que no está demasiado bien obrar así.

El primer principio de las relaciones sociales ha de ser el del respeto mutuo: cada uno tiene el derecho a ser como quiera, sin tener que dar excusas ni explicaciones a nadie de lo que pensamos, de lo que hacemos, de si cambiamos de opinión (ayer dije que iba, pero hoy no)... Especialmente, cuantos menos grados de intimidad nos unan a la gente con la que tratamos.

Con los buenos amigos, resultaría raro cerrarnos en banda sin más explicaciones. Pero si son buenos amigos, nunca intentarán influirnos o presionarnos.

Hemos de enseñar al adolescente que está en su pleno derecho para no dar razones que justifiquen su comportamiento ante los demás: "No quiero beber esa segunda (o tercera, cuarta) cerveza, y no tengo que explicar si es porque nunca bebo, porque no me dejan, porque no me atrevo... Simplemente, no quiero".

Seguridad en sí mismo

Las habilidades sociales y las técnicas para resolver conflictos sin perder los amigos tienen una finalidad clara: ayudar a nuestro hijo a sentirse seguro de sí mismo y a relacionarse con los demás lleno de confianza. Son como unas herramientas para vivir en sociedad.

Sin embargo, lo importante es que sepa lo que quiere, que viva con coherencia, que tenga ciertas convicciones que le hayamos intentado enseñar en casa. Ese es el bagaje valioso. Podemos enseñarle a conducir... pero ha de tener primero un coche para que le sirva.


Habilidades sociales

Algunas de las principales habilidades sociales son:

-Tener modos de resolver conflictos, sin cortar con el otro y echarlo todo por la borda. Nada es blanco o negro. Saber llegar a compromisos, cuando no está en juego algo básico.

-No hacer de las fricciones algo personal. Todo ello tiene que ver con la paciencia, con la flexibilidad, con la tranquilidad.
-Saber tomar decisiones, aun a riesgo de que no gusten a todos. Atreverse a decir SI o NO, con firmeza, cuando no quede más remedio.
-Saber mantenerse en una postura, aunque intenten influirnos. Aprender a ser persistentes.

-Atreverse a preguntar por qué, sin ser pesado, pero obteniendo respuestas e información de lo que no se sabe. No hacer nunca dejación de derechos ni dejar pasar las situaciones para reclamar lo que sea necesario. Hablar en vez de callar. Nunca criticar por lo bajo sino abiertamente.

-Saber convivir y relacionarse, aunque nos molesten ciertos comportamientos. Nadie es perfecto del todo.

-Saber cómo establecer con rapidez una conversación.

Para adquirir estas habilidades sociales puede ser conveniente utilizar ciertas técnicas de comunicación social: disco rayado, compromiso viable, banco de niebla...

Disco rayado


Consiste en repetir, una y otra vez, lo que queremos... pero sin enojarnos, sin irritarnos y sin levantar la voz. Los problemas con los demás suelen llegar muchas veces a causa de que, o bien, dejamos aflorar nuestras pasiones, o bien, cedemos para no molestar al otro.
Sin embargo, en ningún lugar está escrito que haya que hacer una tragedia de un "tira y afloja" con nuestros amigos. Se utiliza esta técnica cuando se ponga en juego alguna cuestión que consideremos esencial.

Si, por ejemplo, los amigos quieren poner dinero para comprar "whisky" y emborracharse esa tarde, simplemente hay que mantener nuestra postura machaconamente, sin tener que dar justificaciones y sin desviarnos ante sus críticas:

- Yo NO quiero poner dinero para eso...

- Lo que ocurre es que tienes miedo.

- Puede ser, pero NO quiero poner dinero.

- Todos vamos a ponerlo.

- Quizá, pero NO quiero poner dinero.

- Si NO pones dinero no vamos a poder comprarlo.

- Bueno, pero NO quiero poner dinero.

Los demás tienen sólo unas pocas razones. Si son tres, a nosotros nos bastarán cuatro NOES; si tienen seis, a nosotros siete.




El mantener una postura coherente, además, elevará la imagen que nuestros amigos tienen de nosotros. Además, con esta técnica ayudamos a centrar la cuestión en sus términos y no nos dejamos vencer por sentimientos de culpabilidad, por apelaciones a nuestra fortaleza, etc. Seguir el juego de los argumentos personales lleva, casi indefectiblemente, a la discusión.

Compromisos viables


Siempre que no estén en juego convicciones fundamentales, da excelentes resultados ofrecer a nuestro interlocutor un compromiso viable. Siempre cabe llegar a un acuerdo con los demás.

Hemos de decir lo que queremos hasta que la otra persona acceda a nuestra petición.., o acepte un compromiso. Hay que ser persistente y obtener fruto de esta persistencia. En el ejemplo anterior, un buen compromiso sería:

- Yo NO quiero poner dinero.

- Pues entonces nos vas a amargar la fiesta.

- Podemos poner un fondo entre todos para comer en una cafetería; y que cada uno pida lo que quiera.

- Vale.

Banco de niebla

Su fin es evitar que las reacciones puramente emocionales influyan negativamente en las relaciones con los demás; es decir, evitar reaccionar impulsivamente. Es especialmente eficaz cuando somos objeto de críticas. Consiste en abstenernos de hacer resistencia, aceptando que es posible lo que nos dicen.

- El otro día nos dejaste colgados.

- Tienes razón, los dejé colgados y no sabes cuánto me dolió hacerlos esperar tanto.

Si obramos así, nos obligamos a escuchar exactamente lo que nos dice el crítico, aprendiendo a responder únicamente a lo que dice realmente, y no a lo que sus críticas llevan implícito o creemos que llevan implícito, pues se crearía una espiral interminable.

También nos enseña a ser buenos oyentes, a escuchar, sin lanzarnos a interpretaciones. Como nadie es perfecto, cada una de las críticas tiene cierta parte de verdad.

Técnicas en caso de conflicto

Estas técnicas anteriores buscan ayudar a los adolescentes a actuar con seguridad en sus relaciones sociales, especialmente en situaciones algo conflictivas.

Lo fácil sería dejar de tratar con esos amigos, o reaccionar violentamente. Lo difícil, y más adecuado, consiste en mantener una coherencia que, a veces, chocará con los demás pero que no significa una negación de los amigos. Al contrario, podemos aprender mucho de ellos... pero no podemos permitir que nos obliguen a hacer algo que no queremos.

Estas técnicas (disco rayado, compromiso viable, banco de niebla...) necesitan de un entrenamiento, lo mismo que aprender a manejar una raqueta. La misma vida diaria nos ofrece la posibilidad de practicarlas.

En resumen...


-Cuando tengas que decir NO a una propuesta, acostúmbrate a no dar explicaciones, ni justificar tu postura. Así evitas alargar la conversación, creando la falsa expectativa de que si te desmontan la excusa cederás.

-Si quieres mantenerte firme en una postura, evita a toda costa hacer del tema un enfrentamiento personal. No reacciones impulsivamente, ni con malas palabras. Tampoco personalices ni te compares. Puedes ser agradable y moderado en la forma, y firme en el fondo.

-Muéstrate condescendiente en los temas que no son fundamentales. Si eres abierto y te amoldas fácilmente a los planes que organizan habitualmente tus amigos, no te van a dejar de lado porque un día digas NO a probar un pito en una discoteca, por ejemplo.

-Si continuamente te encuentras en la necesidad de decir NO a todo lo que proponen tus amigos, porque no piensan como tú, quizá sea ahora el momento de cambiar de pandilla. Hasta el metal más fuerte se funde a altas temperaturas.

-Para poner en práctica estas habilidades sociales "fuérzate" y haz valer algún derecho como por ejemplo, devolver (en el plazo previsto) algún producto que no te interese, reclamar algo injusto, etc.

-Nunca caerás bien a nadie si no estás dispuesto a ganarte la antipatía de otros. Si sabes que ese comportamiento tuyo va a molestar y enemistarte contra alguien... no te angusties por ello.

-Podemos realizar un entrenamiento de estas técnicas en casa. Mediante la simulación, y representando diversos papeles, podemos practicar ciertas situaciones entre los hermanos, los padres, o con amigos: conseguir enfadar al otro, intentar convencerle para una mala acción, realizar una reclamación, etc.


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martes, 13 de marzo de 2012

"Resentimiento"




El resentimiento es una emoción de rabia que sentimos como resultado de que nos han hecho algo malo ya sea real o imaginario.

El resentimiento es:
  • Sentirse amargado y no poder expresar amor.
  • Culpar a otra persona por su problema. Usted culpa a los demás para no mirarse a si mismo.
  • Rabia no resuelta por eventos negativos que ocurrieron en el pasado.
  • Falta de perdón , la inhabilidad de perdonar y liberarse de un agravio.
  • Sentirse victimizado por no haber resuelto un problema.
  • Sentirse ofendido pero en silencio cuando creemos que una persona nos ha ignorado u ofendido.
  • La raiz de la depresión.

COMO SUPERAR EL RESENTIMIENTO


  1. El primer paso fundamental para superar el resentimiento es mirarse a uno mismo. De esta manera podemos sentir todo el dolor por habernos sentido que no somos lo suficientmente buenos, no dignos de amor y otros sentimientos. Para evitar sentir todo este dolor, resentimos.
  2. Debemos estar dispuestos a sentir el dolor. Llorar y liberarlo.
  3. Tome conciencia que la persona que lo agravió vive con otro estado de conciencia y tiene una manera particular de ver la vida. Por lo tanto esta persona sufre por sus limitaciones.
  4. Pregúntese si está dispuesto a perdonar esta persona. Recuerde que el perdón es un acto de amor hacia usted mismo, no hacia la otra persona. El perdón es una elección. Libérese del resentimiento que no le sirve para nada, solamente para destruirse a usted mismo.


CONCLUSIÓN


Todos experimentamos resentimiento en algun momento. Debemos comprender por lo tanto que el resentimiento es una emoción que no nos ayuda en nada. Muchas veces ha sucedido que la persona que nos agravió ni siquiera recuerda lo que pasó, sin embargo nostros seguimos atrapados en el agravio. El perdón nos libera a nostros mismos.
El perddn no es sobre la otra persona; es acerca de nostros mismos. Mantener el resentimiento y el deseo de venganza quitará toda su energía. Usted se fustrará y eventualmente entrará en un estado de depresión.
 
Fuente: las-emociones.com

lunes, 12 de marzo de 2012

Los Malhumorados

El malhumor es una actitud negativa hacia si mismo, las demás personas y las cosas; y los malhumorados se pueden jactar de una sola cosa: de su mal carácter.

Tenemos que creer el hecho indiscutible que nos enseña que si estamos mal predispuestos es altamente probable que las cosas que intentamos hacer salgan mal, que nos llevemos mal con la gente, que nuestras relaciones no se mantengan, que no podamos construir nada que tenga una base sólida.

El malhumorado está cerrado y no acepta los cambios.
Estar en el mundo exige estar predispuesto a cambiar, porque la vida es movimiento y cambio y las circunstancias también cambian.

Una actitud de apertura exige en primer lugar aceptar las cosas como son y esto nos mostrará que en la medida que las aceptamos nos abrimos a la posibilidad de que éstas cambien, porque todo lo que se resiste persiste.

Para vivir en sociedad es indispensable desarrollar una gran capacidad de tolerancia, porque los otros son diferentes, piensan distinto y están particularmente interesados en su propio mundo.

Por estos motivos, la comunicación es simplemente un verdadero milagro, que se produce únicamente cuando existe tolerancia y respeto por el otro, en tanto que otro, o sea cuando se puede salir de uno mismo para poder comprender ese otro universo que es el otro.

Todos somos testigos de la discordia que existe en el mundo debido a la intolerancia, por cuestiones políticas, racistas, religiosas, culturales, etc., y no creo que haya un solo ser humano que esté conforme con el estado en que se encuentra la civilización en este momento.

Sin embargo, cada uno en particular colabora inconscientemente para que esta situación no cambie; porque el cambio comienza por cada individuo y su buena relación con su entorno y solamente de ese modo se puede irradiar al resto del mundo.

Nada se soluciona si estamos de malhumor, al contrario, las cosas que rechazamos perduran y también pueden empeorar; el amor termina, las relaciones se destruyen y lo peor de todo es que los hijos aprenden a ser iguales.

Se puede medir el grado de mal humor de un sujeto cuando maneja su auto, porque el auto es la identidad que adquiere en la calle, cuando está al volante, de acuerdo al poder del vehículo que tiene.
Cuanto más grande el auto más grande es el ego y más deseos de atropellar a los otros tienen sus dueños.

Lo mismo pasa con el dinero, cuanto más dinero más egoísmo para acumular poder y tener la posibilidad de someter a los demás.

Pocos piensan que el final de la vida es igual para todos y que las mortajas no tienen bolsillo y también no son muchos los que se dan cuenta que lo más valioso de este mundo es poder estar en paz con uno mismo.

La paz interior sólo se consigue cuando se comienzan a ver los verdaderos valores de la vida y uno puede tomar conciencia de lo insustancial de las cosas materiales, de lo poco que duran y del hecho trágico de que nunca terminan de satisfacernos del todo.

El malhumor es signo de frustración; es la expresión del desencanto, del sentimiento de impotencia que genera el creer que tenemos la culpa de todo lo que nos pasa.
Podemos cambiar nuestra vida siempre, pero nunca tomando el camino que no es para nosotros; porque cambiar significa atreverse a ser el que uno es y dejar de ser como los demás.

Podemos cambiar hoy mismo, porque los seres humanos no nacemos malhumorados, sólo adquirimos un mal hábito para descargar en los demás la hostilidad que tenemos hacia nosotros mismos.

No hay nadie más feliz que un bebé, porque no especula, es como es, vive el momento, no tiene rencores ni resentimientos, expresa sus emociones, y sólo apetece lo que le corresponde naturalmente.

Aprendamos a ser como un bebé, recuperemos la inocencia perdida, prioricemos a los afectos y alegrémonos por las cosas sencillas de la vida.

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jueves, 8 de marzo de 2012

Los Límites

Los límites no constituyen solamente exigencias saludables para los niños y los jóvenes, sino que también representan la medida de la moderación para los adultos.

La libertad es la máxima aspiración para un ser humano, no así el libertinaje, que significa hacer lo que quiero, cuando quiero y como quiero, ignorando la existencia del otro, que tiene el mismo derecho a gozar de su propia libertad.

Muchos jóvenes viven una libertad sin límites, a veces arriesgando sus propias vidas y las de los demás, para probarse a si mismos y autoafirmarse como personas únicas y diferentes, pero en forma peligrosa e inapropiada.

Ensayan hasta dónde pueden llegar y se empeñan en tropezar con la misma piedra, porque necesitan auto valorarse y saber que son capaces de superar a otros.

Los modelos que la sociedad ofrece a la juventud se basan en la competencia y no en el despliegue de las capacidades que tiene cada uno, de manera que muchos jóvenes se centran en forjar su destino sin tener en cuenta la importancia de su aporte individual.

Los animales también tienen límites en sus vidas de relación en grupo y los líderes naturales son los que se encargan de hacerlos respetar, pero ellos viven en un mundo cerrado, atados a los instintos.

El deseo humano de transgredir las reglas es necesario y natural, porque si no fuera así no habría cambios ni creatividad. Sin embargo, los cambios no son aceptados de inmediato por la sociedad, que necesita asegurarse de su eficacia para adoptarlos, por lo que es necesario tener la suficiente tenacidad y perseverancia para lograrlos.

Una vida sin límites, lejos de ser gratificante, produce mucha frustración y termina siendo autodestructiva.
La vida cotidiana nos exige el respeto de los límites en todos los ámbitos de nuestra actividad. No es bueno para nadie trabajar en exceso, descansar demasiado, comer de más, excederse en la práctica de deportes o exigirle al cuerpo más de lo que puede hacer.

El respeto a los límites es el arte de la moderación tan difícil de lograr y que no todos son capaces de practicar. Muchos comen y beben en exceso, se convierten en adictos al trabajo, al deporte o al sexo; dedican sus vidas a intentar saltar más alto, correr más ligero, levantar más peso, ser más atléticos, más flacos, más jóvenes, exigiéndose a si mismos en forma exagerada y realizando verdaderas proezas con sus cuerpos.

El hombre que aprende el arte de la moderación puede permitirse ser más feliz y tener más alta la autoestima, porque se puede aceptar como es, no necesita exigirse ser quien no es, ni sufrir privaciones, ni hacer más de lo que puede sin respetar su cuerpo; y puede darse cuenta, que sólo aceptando sus límites los puede trascender.

Un ciego tiene que aceptar su ceguera para poder aprender a hacer todo sin ver, si no la acepta, además de ciego se convierte en un discapacitado total.

Se aprende a respetar los límites en la niñez; pero cuando la crianza ha sido permisiva sin esa oportunidad, se favorece la formación de un carácter débil, orientado hacia la persecución del placer, con tendencia a transgredir reglas sociales y a no tener respeto por los demás.

Los límites nos permiten construir una estructura de personalidad firme, ser dueños de nosotros mismos y nuestros propios jueces, capaces de organizar nuestras vidas en función a un proyecto, y de tomar decisiones coherentes y responsables.

Respetar los límites nos hace más confiables, más seguros de nosotros mismos y más dignos de respeto.

Lo único que no debe tener límites es la imaginación y la libertad de pensamiento.

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